Nubesomnium

Efímera presencia

Por Mishelle B. Badillo

El lento caminar de alguien se escucha por el pasillo de un edificio.

-Clara, qué bueno que llegaste, pensé que pasaría otra noche sola, gracias por venir, pasa. La solitaria mujer del apartamento D4 se sintió aliviada mientras su tan ansiada visitante no comprendía por qué tanto entusiasmo.

-Disculpa mi desorden, desde que comencé a perder la vista me es difícil mantener todo en su lugar. La invitada permaneció inmóvil mientras la mujer despejaba un lugar en el sillón esmeralda que se encontraba al centro de la sala.

-Por favor toma asiento, ha pasado tanto tiempo desde nuestro último encuentro.

lenguadegatoLa huésped observó a su alrededor, el pequeño apartamento estaba decorado con cuadros hiperrealistas pintados por la dueña de éste, sin embargo, le era difícil apreciarlos debido a la escasa luz que entraba por la ventana, era tarde, casi se ocultaba el sol. Notó que en el sillón había pelos anaranjados similares a los de un gato, pero no encontraba el felino por ningún lado.

Las paredes, de un tapiz grisáceo y deslavado, sostenían aquellos cuadros que tanto habían llamado la atención de la visitante, hojas moteadas de gotas de agua, mariposas con las alas mutiladas, la parte izquierda del rostro sonriente de una anciana; pensó que si se acercaba al cuadro, podría apreciar la finura y detalle de las arrugas, el blanquecino de sus canas.

Casi se había decidido a ponerse en pie, pero la nerviosa hospedadora irrumpió en la sala con una taza de té en cada mano.

-Clara, sé que nunca apreciaste mucho el té, pero no tengo otra cosa que ofrecerte, no tomo café y aún se me complica hacer una simple merienda, si tienes hambre podría pedir comida del restaurante que está a la vuelta de la esquina.

-No gracias, estoy bien.
-De acuerdo, por cierto tengo galletas, en un momento las traigo para acompañar el té.

La invitada no podía comprender por qué los cuadros capturaban tanto su atención, un ojo verde azulado parecía observarla, y la lengua de un gato le hizo preguntarse si le pertenecía al que aparentemente vivía ahí. La extrañada mujer exclamó:

-Estás muy callada Clara, ¿te pasa algo?

-Debo confesar que me han cautivado tus pinturas.

-Me halagas, pero me temo que dentro de poco tiempo los descolgaré y los pondré en venta. Una pintora ciega, parece un mal chiste.

-Lo siento mucho.

-Clara tu voz suena distinta, no hueles al perfume a limonado que solías usar…

Hubo un largo silencio, ambas mujeres se pusieron de pie, y cuando la temerosa mujer extendió su mano hacia el rostro de la persona que le parecía una extraña, el teléfono sonó.

-Debo responder, disculpa la confusión pero… regreso en un momento.

Levantó la bocina del teléfono que se encontraba en su habitación, y del otro lado de la línea se escuchó:

-Disculpa el retraso, llegó en 30 minutos, tuve algunos inconvenientes en el camino.

Con la voz entrecortada la confundida mujer respondió.

-¿Quién habla?
-¿Bromeas? Soy Clara, te veo en media hora.

Aterrada y confundida, la mujer se dirigió a la sala, ya no se encontraba ahí quien durante los últimos 20 minutos pensó que se trataba de su amiga. Trató de sostenerse en la pared para no tropezar, pero notó que hacía falta un cuatro, sin éxito salió de su departamento intentando dar con el paradero de aquella Clara falsa.

La lengua de un gato ya no saboreará más, la soledad de su creadora.Lh

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