Arena negra

Life is the race, I´m the marathon

Andrés Uribe Carvajal

Streets we would battle on
Got the good book in my carry-on
Life is a race, I’m the marathon
Man on the moon, give the boy some room

Es otra vez temprano, la alarma que lleva por canción Vuelta a casa de Vetusta Morla está por terminar, agudizo un poco la vista, hay manchas y sombras, todavía está obscuro. Huele a madrugada, a unos pasos de aquí alguien empieza a hornear pan, se enreda en una lucha de masa y harina. Después del asalto, pinta orgulloso con una brocha sus creaciones como si en el gesto final les diera vida y un alma propia. El espíritu del trigo.

Me levanto descalzo, miro a la palmera que me saluda, ondeando su cabello.

-¡Buenos días, palmera!

-¡Buenos días, Andrés!

Giro a la derecha y encuentro con la armadura descansando sobre el escritorio. Hoy nos toca pelear por dos horas, o por menos con suerte -pienso. La sostengo entre mis manos como pidiéndole algo, pero no sé qué.

Salgo a la calle con las estrellas aun pendiendo del cielo. A kilómetros de aquí, esas mismas confunden navíos y otras veloces profanan deseos y promesas. Un niño en algún lugar las sigue con el dedo como dibujando su trayectoria. Miro arriba y les pido -no me abandonen, guíen a mi barco, guíen mis pasos.

La pantalla se ilumina y aparece un mensaje de texto: Aquí vamos. Estamos todos. Es mi familia. Suspiro hondo, me siento nervioso, me siento en deuda, también con ganas de enorgullecerlos.

Alzo la mano, el taxista examina mi indumentaria. Sabe exactamente a donde me dirijo. Ya lleve a otros más me dice. En el trayecto, el cielo cambia de colores como lámpara de lava, negro-morado-azul marino-naranja-rojo-azul claro-amarillo. Un espectáculo fantástico que despoja de un golpe a toda la sobriedad en que agoniza la ciudad. Las estrellas me parpadean calmándome. En la esquina del alto, dos prostitutas bajan de un auto, me miran y sonríen, les sonrío de vuelta, nunca me han desagradado, ni las que son hombres, también están luchando, a su manera, pienso.

Las manos me empiezan a sudar, todo se vuelve violento, una música interrumpe la noche, hay gente gritando – ¡A sus lugares!- les piden hacer sus respectivas filas. Un señor de unos cuarenta años está hincado, rezando, otros hablan por teléfono, algunos ríen y se abrazan por última y primera vez, yo los miro a cada uno. Dentro de poco habrá terminado todo.

Disparan una bengala y rugimos en unísono. Abrazo al de al lado como si lo conociera de toda la vida, no es un abrazo común, nos deseamos suerte. -Fuerza hermano. Fuerza.

Una vez más a la brecha, queridos amigos decía Shakespare.

“Una vez más a la brecha, queridos amigos”.

Todo es tan emocional, hay algo fuera de esto, quiero decir: algo más. Tiene que haber algo más. Las respiraciones se vuelven agitadas. Las emociones están a reventar.

carrearYa salen unos, nosotros esperamos aquí. Se escucha un disparo, me persigno por costumbre y sin pena. Ella manda un beso al aire, yo le arrojó otro. Gracias le digo con los labios. Gracias por estar aquí.

Último suspiro, Bittersweet Symphony suena por mis audífonos. Me despido de todos.
Inicia la carrera.

Es todo de otro mundo, por el camino me encuentro a un anciano de unos 80 años, tambalea y casi no puede mantener sus pies en orden, me doy cuenta, que usa dos bastones para avanzar. Aun así, mantiene la frente en alto, lo resguarda un séquito de tres jóvenes. ¡DEJEN PASAR! dicen, nos mueven a un lado.

¿Qué está pensando? ¿Es en serio? -Sí.

Nos animamos todos al verlo. ¡Vamos! ¡Arriba Jefe! Que chingón dicen otros dos en voz bajita, alcanzo a escucharlos. -Que chingón también pienso…

Así es como se vive, sin arrepentirse de ser, sin arrepentirse de nada.

To be is to do ¿Quién dijo eso? Ah claro Sócrates, y luego lo había escuchado de Diana en su conferencia, ella fue la mujer que nadó hasta Florida desde Cuba, lo intentó tres veces, y en la cuarta lo logró, 3 días nadando en el negro mar. La mujer casi se muere, su equipo creía en ella, así como nosotros en el anciano. Qué chingón pienso y no me doy cuenta que lo digo en voz alta, alguien me palmea la espalda – Si, mi hermano qué chingón es todo esto…Lh

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