Nubesomnium

La voracidad del olvido

Por Mishelle B. Badillo

– A ver, habla despacio Jaimito, no entiendo lo que me quieres decir.

Era lo que mi madre solía decir cuando yo quería contarle algo.

– Le ha de haber picado algo… – Decía mi abuelita.

– El insecto Lalo Palo ha de ser el responsable, ¿te he contado de él Jaimito?

– ¡Ay mamá! Ya vas a empezar a decir pamplinas.

Mi abue y yo ignorábamos a mamá y comenzaba la aventura.

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La piel espejo. Fotografía de Anahí Domínguez.

Qué interesante mujer era ella, desearía haber grabado todas las historias que solía contarme, los gestos y sonidos que hacía al narrarme sus vivencias, dichas y amores; aunque siempre decía que mi abuelo era el más grande de todos, yo sabía que ese lugar era mío.

Para mí, las pamplinas eran lo mejor del mundo, las llaves a mundos increíbles.

– Ay mamá, dime qué es lo que haces para entender a Jaime, su forma de hablar es incomprensible.

El único secreto era que tenía paciencia, la suficiente para escucharme decir hasta tres veces lo mismo para terminar de comprender lo que lo expresaba. Yo solía hablar más rápido de lo que pensaba, no era intencional, sentía prisa por contarle todo lo que pasaba por mi mente.

Era mi mejor amiga en el mundo, sabía que aunque mis compañeros de clase se burlaran de mí, al llegar a casa mi abuelita me diría algo que aliviaría mis penas. Describiría al monstruo que llegaba por las noches para hacerles cosquillas hasta que se hicieran pipí.

Comencé a crecer y ella a envejecer, fui testigo de cómo su cordura comenzaba a escapar entre sus silencios.

Las historias fueron cesando, hubo ocasiones en las que todo lo que decía resultaba confuso, mi madre y mis tíos decían que de tanto tiempo de estar conmigo, le había contagiado mi problema para hablar. Yo no lo veía así, ellos no esperaban entenderme y ya no me interesaba que lo hicieran; pero ella, mi amiga y compañera, comenzó a experimentar la demencia senil.

– Ése Lalo Palo te picó ¿verdad abue?

Volteó a verme y respondió algo, no supe qué quiso decir, pero no me rendí, la amaba tanto que tenía la paciencia para tratar de entenderla. Desarrollé una especie de sistema para descifrar lo que quería decir.

Nunca fuimos tan unidos como en ese tiempo, cuando su sonrisa comenzó a diluirse, el brillo de sus ojos se escapó poco a poco y no volví a escuchar sus historias.

De no haber sido por mis interpretaciones y de mis cuidados, seguramente mis tíos la habrían mandado a un asilo. Además de que no habrían sabido su deseo de ser enterrada en Celaya, junto al lago del rancho donde creció.

Siempre que veo una avestruz pienso en ella, decía que sus papás las criaban en el rancho, y que esas aves ponían huevos más grandes que mi cabeza.

No sé con certeza si terminó de escuchar mi cuento acerca de cómo los caracoles guardan celosamente, los caminos que conducen a otros mundos, pero sé que murió consciente de que yo la entendía y ella a mí.Lh

4 thoughts on “Nubesomnium

  1. literatoluisrodriguez 31 agosto, 2016 / 21:22

    Me hiciste recordar un tierno cuento que resumo: El hombre iba a visitar a su esposa,que tenía demencia senil y no conocía a nadie, tres veces por semana.
    Una vez cierta enfermera le preguntó:
    -Para qué viene tan seguido, si ella ya no lo conoce?
    -Pero yo sí la conozco -contestó el hombre.
    Un abrazo.

  2. Alain A. Yllescas 31 agosto, 2016 / 16:26

    Increíble relato que me hace recordar aquellas ocasiones en que mi bisabuelo me contaba como el mundo se formaba de sonrisas, pozole y abrazos. Te felicito por hacerme viajar a esa época.

  3. Maco 31 agosto, 2016 / 08:48

    Qué bonito🙂

  4. BERKANALUZ 31 agosto, 2016 / 08:16

    Un hermoso relato cargado de recuerdos emotivos…saludos

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