Redenautas

Sobre la contemplación artística y el trabajo duro

Alain A. Yllescas

El poeta escribe, el escultor construye, el pintor plasma, el músico compone, el bailarín se mueve, el artista crea. Una mente capaz de generar cualquier sentimiento a través de cualquier expresión es solo el inicio del arte, sería ingenuo asumir que el mero acto de composición es suficiente para dar la denominación de arte a una obra, se necesita de un espectador, un observador crítico capaz de develar la intención del autor y contemplar su esmero, técnica, pasión, talento o belleza.

Es en este intercambio de emisor y receptor que encontramos la verdadera dificultad del arte, si un autor tiene el esmero para crear una experiencia que considera única, especial, fantástica y compleja, podrá encontrar una fuerte barrera al descubrir que sus espectadores son incapaces de entender su trabajo. Mientras que en el polo opuesto podemos tener a los devoradores de tinta a la expectativa de la nueva gran novela que los haga vibrar con intensas emociones, pero el autor podría no colocarse al nivel de las expectativas y desilusionar al hambriento público.

Un punto medio exacto, un equilibrio entre ambas partes, un ejercicio exhaustivo que no todos pueden llevar a cabo de manera excelsa. Podemos figurar por nuestra cuenta el trabajo que debe emplear el autor durante este intercambio, pero el tema que nos ocupa aquí es el papel del espectador al toparse con una obra de arte.

En primera instancia se debe tener conocimiento sobre la obra misma, si se trata de una fotografía debemos ser capaces de entender el lenguaje del medio e inmediatamente preguntarse ¿por qué el autor decidió utilizar los recursos mostrados?, el tiro, ángulo, encuadre, composición, balance de color, puntos áureos, la intención del objeto, relación entre elementos, etc. Esto provocará en el espectador una amplia comprensión de la pieza que está observando, de lo contrario nos encontraremos en una situación donde la intencionalidad de la obra se escapa de nuestra percepción.

En mi particular caso, la escultura es un arte que no he logrado entender del todo, por lo que siempre me he quedado con un sabor amargo al contemplar dichas piezas, de manera somera soy capaz de imaginar el esfuerzo de su creador, pero por mi poca formación sobre esta forma de expresión es necesario que realice un ejercicio excesivo para intentar comprender el mensaje oculto, haciendo que en poco tiempo pierda el interés en la obra.

Evidentemente es necesario que amplíe mis conocimientos sobre el tema para tener una apreciación completa, pero detengámonos un momento en ese ejercicio de interpretación, esa búsqueda de conexiones lógicas para crear un algo de un poco, durante ese lapso la pieza habita en tu mente y se convierte en el punto de atención más importante, gracias a ello me siento motivado a mirar una escultura y tratar de absorber todo de ella.

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Entrada de la ciudad de Columbia – Bioshock Infinite

En los videojuegos podemos encontrar algo muy similar, aquellos que no se encuentran sumergidos en esta forma de expresión, pero desean hacerlo, se esfuerzan para obtener un placer similar obtenido por alguna otra obra de arte. Para un seguidor de la pintura y la fotografía se enfocará en las escenas, gráficos y ambientación que podría presentar un juego como BioShock Infinite o alguien que disfruta de una trama de fantasía desarrollada en la edad media podrá disfrutar, sin duda alguna, de Final Fantasy IX.

Los videojuegos toman elementos de diversas disciplinas para aumentar la experiencia estética y llegar al punto de convertirse en obras de arte. Este último punto podría entrar en una fuerte discusión que podría alargarse durante eones, pero algo que no podemos discutir es el hecho del esfuerzo que invierte el jugador para completar el videojuego. Este trabajo por parte del espectador puede notarse de manera muy obvia en el título Enter the gungeon, un juego estilo Rougelike, donde tendremos que avanzar por los distintos calabozos para alcanzar al “Jefe” final. En esta ocasión dejaremos a la mecánica del juego y su presentación estética a un lado y nos concentraremos en su trama y cómo es utilizada para mantener ese estado de contemplación de manera prolongada.

A diferencia de la narrativa silente o el Lore cuyas características también pueden generar la atención prolongada del jugador, este título utiliza el esfuerzo puro del espectador para apreciar en mayor medida la trama. La historia presentada en el juego en realidad es muy corta, un grupo de personajes se enteran de la existencia de un arma capaz de matar el pasado, por lo que inician su aventura para encontrarla y así, cambiar un suceso específico y cambiar su destino. Lo curioso es la necesidad de pasar más de 15 horas continuas dentro del juego, encontrar los objetos necesarios y activar una secuencia específica para ser recomenzados por esta breve historia.

A muchos les podrá parecer una cantidad de trabajo excesiva para una recompensa tan pequeña, es ahí mismo donde radica el valor del trabajo invertido. En un principio no se conoce la razón de nuestro personaje para querer cambiar su pasado hasta haber terminado el juego, una vez que lo hemos logrado, un sentimiento de satisfacción nos invade y nos hace apreciar todo lo que tuvimos que hacer para llegar a ese punto.

Al no tener mucha información sobre el personaje que controlamos tendemos a proyectar aspectos nuestros sobre él y después de 15 horas matando enemigos, sorteando obstáculos, resolviendo acertijos y mejorando nuestras habilidades para conquistar la meta, entendemos en carne propia todo el esfuerzo del personaje para lograr su cometido, nuestra atención ha sido ayudar al personaje para alcanzar el final y conocer su breve historia.

Ese trabajo hace que la experiencia valga la pena, y no se aleja mucho de lo que acontece en otras artes. ¿Alguna vez les ha ocurrido que leen algún libro de pequeños y con el pasar de los años el mismo texto les evoca diferentes emociones? El Principito de Antoine de Saint-Exupéry es mi ejemplo personal, fueron necesarios muchos años entre mi primera lectura hasta que logré comprender la fuerza de las palabras que ahí se encontraban.

El arte también se trata de involucrar a su espectador, a transmitirle emociones, o incluso, convertirlo parte de la misma obra y recompensarlo por el esfuerzo invertido, por las horas dedicadas a leer un libro de tapa a tapa, por el tiempo de descomponer una fotografía en sus elementos individuales y apreciarlos en su totalidad, por las innumerables vidas que perdiste antes de llegar a ese último nivel.Lh

3 thoughts on “Redenautas

  1. Alain A. Yllescas 1 septiembre, 2016 / 19:14

    Themis T. – Un afectuoso abrazo también.

    LiteratoLuisRodriguez – Muy acertado el comentario, aunque siempre es fascinante acercarse a una nueva expresión de arte, la opinión personal siempre se encontrará en primera posición.

  2. themis t. 31 agosto, 2016 / 12:15

    Gracias. Un abrazo

  3. literatoluisrodriguez 31 agosto, 2016 / 05:48

    El problema para los artistas es que no a todos les gusta lo mismo.
    Cubismo, impresionismo, realismo?
    Cuento, novela, poesía.
    Y eso sin contar los géneros y otras formas de arte.
    No se puede agradar a todos, y esa es la triste realidad.
    Un abrazo.

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