Lobisea

Consumidos, la otra Nueva carne de Cronenberg

Gerardo Horacio Porcayo

Quizá la pieza más conocida, la que decreta el nacimiento del término sea Videodrome (1983), octavo film de David Cronenberg, pero desde su primer largometraje Stereo (1969) y hasta el número quince (eXistenZ, 1999), la temática subyacente, la poética misma de cada cinta es la nueva carne. Una que se adquiere de las formas más variadas y simples (el drogarse de Lee con insecticida en Naked Lunch, 1991, suerte de bio-pic, adaptación de la obra homónima de William Burroughs), hasta las más complejas, pero siempre retratando ese periodo de cambio, de transición de un ser humano en… algo más (o algo menos, como Brundle Fly en La Mosca, 1986).

Cronenberg es de esos directores de culto cuyo apartado espera uno encontrar en una tienda de DVD o Blue Rays… y fracasa al incluso preguntar por él a los dependientes. Cronenberg era indispensable para el cine fantástico, para los seguidores del horror y la CF, hasta su film número 16, Spider (2002) donde inicia su historia de realidades psicológicas que lo llevaran a filmar con Vigo Mortensen y hasta tocar la historia de Freud y Jung en A dangerous method (2011) y rematar con la crueldad del mundo Hollywodense en Map to the stars (2014). Sus seguidores no dejamos de ver cada una de sus obras, de apreciar la especial sutileza de su narrativa fílmica, pero… lo fantástico parecía abandonado…

La otra Nueva Carne

Cosmópolis (2012, basada en la novela homónima de Don DeLilo) pareciera habeconsumidosplar catapultado la creatividad de Cronenberg hacia ese otro sector, ese que en las clases de redacción nadie se cansa de repetir: antes de que exista la película, debe existir el guión, la escritura de la historia.

Consumidos (Anagrama, 2015) representa no solo la primer novela de David Cronenberg sino, de muchas maneras, su vuelta a lo fantástico en la apariencia de una historia realista y la integración al mundo de la red.

Acostumbrados a la narrativa visual de este cineasta, lo primero que llama la atención es, precisamente, la falta de descripciones detalladas. La palabra sobre la imagen aparece como materia, conducto (quizá heredado de DeLilo) de toda la trama. Hay diálogos, multitud de diálogos que nos van introduciendo a un fenómeno cotidiano: la integración pasiva del espectador frente a videos en la red.

Pasiva y no pasiva. Asistimos a una narración elíptica que se esmera en retratar las vidas de los protagonistas como testigos. Al paso de la acción alejada de las grandes aventuras. Fotorreporteros de atención capturada por un video inicial que se reproduce en una Mac y que los llevará (al menos a ella) a incursiones a lo largo del mundo, dónde los monstruos habitan un solo lugar: el interior de ellos mismos.

Es como la vuelta a los orígenes desde dos perspectivas distintas que confluyen. Está la nueva carne, esa que deriva de enfermedades (cáncer y de transmisión sexual), como en Shivers (1975) y Rabid (1977), aunque sin otras mutaciones que las ya conocidas y cotidianas en los hospitales. Y la presencia de transmisiones pirata (qué si no son los videos subidos a youtube) que recuerdan a Videodrome y sus postulados tan derivados y actualizados desde McLuhan.

Abundan las teorías, sobre la nueva carne, sobre el consumo y los rituales de videograbación; por ejemplo, en el primer capítulo, Célestine, la víctima dice:

“-Bueno, sí, cuando una ya no tiene deseos, está muerta. Incluso desear un producto, un artículo de consumo, es mejor que no desear nada. Desear una cámara, por ejemplo, aunque sea barata y hortera, basta para mantener a distancia la muerte.”

Consumo de artículos, consumo de deseos, consumo del cuerpo por la enfermedad y, por qué no, consumo de carne humana; hay una revisión al fenómeno del canibalismo que se vive subterráneamente en internet, están presentes  todos estos tópicos en una historia que se jacta de no usar efectos especiales, que tiende la empatía como único y fundamental vínculo para realizar la operación que Cronenberg a lo largo de su carrera siempre ha buscado: hacernos uno con el protagonista, incorporarnos a su nueva carne, sólo para, en ese pase, enterarnos de que, en realidad, sólo estamos asistiendo al desenmascaramiento de la nueva carne, esa otra que ya habitábamos, antes de leer o ver a Cronenberg. Lh

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s