Redenautas

Contenido efímero

Alain A. Yllescas

El reloj digital de mi computadora avanza sin detenerse un solo momento, brillando con especial ímpetu para resaltar mi atraso en el próximo material que publicaré. La hoja en blanco se convierte rápidamente en un enemigo mortal que desata en mí la desesperación y duda. ¿Mí texto será lo suficientemente bueno? ¿Le gustará a los lectores? ¿No tendré otro error de dedo? ¿Me estaré quedando sin ideas?

El tiempo límite se acercaba cada vez más deprisa y fue necesario sacrificar horas de mi preciado sueño para cumplir con mi deber, las palabras brotaban de manera caótica y aterrizaban de manera milagrosa en el documento para formar oraciones que pasaban por un proceso de cuchillas y eliminaciones para convertirse en ideas entendibles. El proceso de autocrítica no se hizo esperar haciéndome desear quemar por completo mi ordenador, lanzar mi teclado por la ventana y comenzar de nuevo. ¿Qué puedo compartir que pueda parecer interesante a otra persona?

dienteLas horas se movían con la velocidad de minutos hasta que los primeros rayos del sol calentaron mi espalda. En un acto de derrota decidí abrir mi cuenta de Facebook para distraer mi abrumada mente, si no mal recuerdo, había un video musical de una banda cuyo nombre no lograba evocar y me apetecía verlo una vez más. Mi muro apareció y por más que deslizaba el dedo sobre la rueda del ratón me fue imposible encontrar dicho video.

En menos de ocho horas el contenido se había perdido en la inmensidad de la red social, sepultado entre fotos de gatos, videos de perros, frases de libros y una que otra historia de desamor. Es claro que si conociera el nombre de la canción o del artista podría buscarlo por mi cuenta y asunto solucionado, pero es curioso que algo que llamara mi atención no pudiera permanecer en mi cabeza.

Fue ahí que me di cuenta de lo efímero que es el contenido digital, la facilidad de encontrar algo es también la sencillez requerida para olvidarlo. He leído historias extraordinarias de escritores novatos en Wattpad que apenas y recuerdo su nombre, fotografías magnificas que no he vuelto a ver. Diría Heidegger que el Dasman es un ser que solo busca la novedad, sediento de lo más actual, utilizarlo una vez, desecharlo e iniciar su búsqueda del nuevo objeto novedoso. Un nuevo video, una nueva canción, un nuevo texto, un nuevo algo.

Una rápida mirada a mi escritorio me hizo notar el libro de Ariel Dorfman y Armand Mattelart “Para leer al pato Donald” e inmediatamente evocaron en mí recuerdos sobre el día que adquirí mi copia, de mi profesora de comunicaciones Mónica Monter Ponce, de cómo inició en mí un enorme amor por las ciencias de la comunicación, incluso la vez que presté mi ejemplar y casi muero al pensar que nunca lo recuperaría. Las ideas plasmadas dentro de esas páginas seguían presentes en mi cabeza, y en algunas ocasiones se convirtieron en las bases para un debate entre amigos y colegas.

¿Por qué puedo recordar algo que he leído hace más de cuatro años pero no una simple frase de un video que vi hace menos de ocho horas?, ¿Será que los contenidos digitales están condenados a tener un tiempo de vida tan finito que su propia muerte nos es insignificante?

Por un momento pensé que se trataba de un tema de calidad y profundidad. Sería tonto comparar una obra cuyo objetivo es el engrandecimiento del conocimiento sobre una materia contra un video destinado completamente al entretenimiento. Mi pensamiento no terminaba de convencerme, algo no encajaba, si alguien decidía subir una copia digital del mismo libro a cualquier red social su tiempo de vida sería exactamente el mismo que cualquier otro contenido. Durante las primeras horas obtendrá la visualización de las personas, aparecerán comentarios y algunas reacciones variadas hasta que el tema perdiera el interés en los espectadores quienes ya se encontraban con un tema nuevo que discutir.

Regresé a mi página en blanco, sabiendo que cada letra se perdería en la profundidad de la Internet, siendo desplazado por otro material, volviéndose solo un recuerdo de aquella noche de insomnio frente a la pantalla.

La vida de la obra digital es muy corta, y no estoy seguro si se trate de algo positivo o negativo, los más grandes creadores de contenido tienen un ritmo de publicación muy elevado. Personas de YouTube que suben un vídeo al día, columnistas que actualizan diariamente sus entradas, materiales que serán apreciados una sola vez.

Todas esas horas invertidas en un trabajo por unos minutos de atención. Tal vez sea el precio a pagar por la enorme penetración que también otorga el medio. Y quien sabe… puedes tener la suerte de convertirte en un contenido viral algún día. Lh

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