Onirosofía

Inmortal involuntario

Juan Pablo Picazo

No piensen que es costumbre. Nadie en mi familia y nadie de mi tribu lo hace. Sólo yo he hecho esto. No hay antecedentes y creo que tampoco permitirán que continúe. Tampoco sé cómo lo hago, ya estoy fastidiado de hecho. Eso de no morir es un problema, esta vez no van a sepultarme, sino que me incendiarán hasta que sea yo menos que volátil polvo, luego seré diseminado en parte, en parte contenido en un envase hermético, y en parte arrojado a los volcanes.

Quizá al fin pueda morir. Soy Hielo Santibáñez, por cierto. Ya sé: el nombre es ridículo ahora, luego de tantos años tras el escape de nuestra luna y con el reciente fin del mundo y esas cosas, pero no lo puse yo me lo dio mi padre, pues como los demás, alguna vez tuve uno. Y una madre, y hermanas y hermanos cuyos linajes ya no existen.

Antes soñaba con la inmortalidad, como cualquiera repentinamente y sin mucha convicción, sólo a causa de una película, un libro, incluso antes, cuando esas cosas no existían; estaban las leyendas. Se decía que todos los jefes de nuestras tribus tenían un pacto con los dioses, pero todos murieron al fin y al cabo.

Ya sabes, luego cuando no eres nadie porque no eres un guerrero, sino el Registrador tribal, quieres trascender o crees que tienes segura la inmortalidad, al menos entre los pocos capacitados para leer en medio de tu pueblo ágrafo. Eso bastaba entonces, luego seguí con mi vida como el que más, las manos me envejecieronn tanto, que debí tomar un secretario para que escribiera en mi nombre y bajo mi más estricto dictado.

Ya estaba, pero luego me acusaron de la muerte de Regiluna, la hija de uno de tantos reyes a quienes serví. No se creía que yo hubiese levantado el mandoble claro, pero se decía que yo lo había ordenado por puro odio, pero era demasiado viejo hasta para odiar, para levantarme de la cama, cuando se me leyó sentencia y se me colgó en los altos del glaciar.

caminante¡Qué risa me dio entonces! el más viejo entre los viejos de la tribu muriendo con el cuello roto y la respiración cortada ¿qué clase de pueblo era el mío? Luego el silencio y el más dulce sueño. Los temblores, los gritos, los miles de botas arrasando mi sepulcro bajo una lluvia de bombas incendiarias. Una reventó el suelo donde se suponía yo no era ya ni polvo siquiera, y la tierra me escupió de nuevo: joven, lleno, entero, hambriento y desconcertado. La Gran Guerra, llamaban a ese ritual idiota y viejo.

Luego he vuelto a caminar sobre la tierra que antes me guardaba. Me han matado muchas veces desde entonces, estoy cansado de ir y venir entre los vivos y los muertos, ya no amo ninguno de los dos mundos, vida o muerte me son indiferentes. He sido de todo: soldado, sanador, iluminado, minero, cosmonauta, paria, refugiado, pirata, iniciado, activista, músico, vagabundo, mago de hambre, ermitaño, sombra, asesino…

Pregunto una vez más ¿Qué es lo que se espera de mi cuando la tierra me vomita? ¿Que me acueste a descansar otra vez? Lo siento, eso es muy incómodo, debo siempre caminar de nuevo. Quizá esta vez sea diferente.

2 thoughts on “Onirosofía

  1. La hormega 16 septiembre, 2016 / 16:10

    Gracias Luis, los temas que resucitan también y vienen a nosotros una vez y otra. Hay que abordarlos y bordarlos, bordearlos y caer en ellos siempre, agradezco la compañía de tu lectura.

  2. literatoluisrodriguez 16 septiembre, 2016 / 06:01

    El tema de la reencarnación visto de forma poética.
    Muy bien lo tuyo. Me gustó, tiene un dejo de nostalgia y tristeza.
    Saludos.

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