Arena negra

En el tejado

Andrés Uribe Carvajal

— ¿Tú crees que vendrá?

— Te lo aseguro ¿Viste cómo nos toca? ¿Con qué delicadeza y a la vez firmeza nos toma por la espalda? Sentí el roce delicado de sus dedos mientras bajaban sin prisa por mi cuello, olí su aliento cerca, y luego sentí cómo me rozaban sus dedos mientras me pellizcaba los pechos con ternura, poco a poco, botón por botón, iba jugando conmigo como dibujando una “U” ¡Hizo lo mismo contigo! Jamás sentí celos, lo amo tanto que podría compartirlo con quien fuese. Aunque me da gusto que sólo sea contigo hermana, tú y yo somos parecidas, hechas por el mismo material, por eso no me molesta porque sé que nos prefiere de entre un montón.

A veces, cuando está dentro de mí me dan unas ganas irremediables de retorcerme con fuerza y de gritar, de suplicarle que nunca me deje. Podría vivir aferrada a él, a su espalda tensa y a su pecho firme y lo abrazaría como un crío que se aferra a su padre en el primer día de clases, lo tomaría firme de la pelvis, lo empujaría hacía mí para que no escapara jamás.

— Está empezando a llover

— ¡Él vendrá te lo aseguro! puede que parezcamos sólo dos camisas huérfanas pendiendo de un cuerda en la tejado, pero él vendrá, somos más que eso, nunca dejaría que nos ahogáramos en esta maldita lluvia, él vendrá. Te lo aseguro. Lh

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