Nubesomnium

Historias enmohecidas

Mishelle B. Badillo

Suena una alarma al fondo.

¡Vaya! son las 6.00 a.m. Ésta mujer tan desocupada, sin trabajo, sin compromisos por cumplir y siempre tan mañanera, a excepción por aquella vez que un problema respiratorio le imposibilitó levantarse una mañana como cualquier otra. Que aburrida huésped, mis paredes la resguardan del frío, sin embargo, eso no basta ya que al parecer tiene una helada tajante en el corazón.

Tiene una rutina que me parece tediosa, y desearía que se mudara pronto, o que muriera a causa de su problema respiratorio, lo cual me parece más posible debido a su avanzada edad. Podrían pasar días y los vecinos no notarían que ha dejado de existir vida bajo mi techo.

imagen1Extraño esos días en los que habitaba en mí un “amorío ocasional”, no hacían falta muebles cuando solamente bastaba un colchón y unas horas de mí para esos dos jóvenes atolondrados. Gemidos retumbaban entre mis paredes algunos días a la semana, lo fascinante de éstos encuentros dentro mío, no era precisamente lo pasional y efímero de sus actos, sino la manera en cómo dentro de mis puertas éste par se podía convertir en todo, en una sola piel, amantes, aventureros, o simplemente dos solitarios que se refugiaban en el calor de un cuerpo. Sin embargo dejaron de brindarle calor a mis habitaciones cuando la rutina los alcanzó, y fulminante, le dio fin a esos encuentros pasionales.

Han pasado dos días desde que se llevaron el cuerpo de la anciana, y tal como lo predije… tuvo que transcurrir una semana para que notaran que el corazón helado de aquella mujer dejó de latir.

Hoy todo es tranquilo, callado, me siento hueca.

Un ruido extraño parece aproximarse, no sé, hoy no me interesa nada. Para mi sorpresa es una maquina demoledora, aunque no me preocupo porque no tengo tantos años para que se considere mi destrucción.

— ¿Por qué venimos?, creí que sería un vejestorio o algún peligro para otros.

—Será removida porque la casa está llena de humedad, tiene esporas o algo así me dijeron, se murió una viejita por eso.

— Ah bueno, pues me apuro porque ya tengo hambre.

Se enciende la maquinaria.

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