Noctívago

El anciano se descubre

Juan Pablo Picazo

Un dolor perenne
en el tendón de Aquiles,
una muela fracturada,
anuncian mi vejez.

ojonesNo,
miento.
Mi vejez se inisinuó
con el nacimiento atropellado
y mi ojo ciego.

También una vez
vino a recordarme
su eminencia,
su inminencia,
vestida como un padre
-el mío-
cuya insania
-que no locura-
se hizo profunda
con la vida.

Vejez
tiene nombre propio:
se llama muerte,
cuando no llega anticipada.

Susurra cosas
en mi nuca,
se bebe mi sombra,
enfría mi café
y me quita las cobijas.

Se me insinúa
mordiendo mi cabeza
con migrañas,
y me trata bien
cuando ensaya
su gobierno de mi cuerpo
apagando
mi consciencia
durante
eones de bacterias.

Duele un músculo,
brinca un párpado,
es ella que me abraza. Lh

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