Rayoneros

Mi remedio absoluto

(Fragmento)

Gabriela Tapia Vega

Si bien es cierto
que nunca somos los mismos,
que el mundo gira,
la gente cambia,
los pasos mutan
y la rabia canta,
también es indudable
que hay transformaciones
que dejan huella en el alma,
eventos,
situaciones
que alteran la identidad
al grado tal que parecemos otros.

Y así me pasó,
cuando me di cuenta
ya era otra;
la imagen que se me reveló
me gustaba aún más que la anterior,
pero mostraba a flor de piel toda mi fragilidad,
todo mi ser finito,
mi total angustia por lo desconocido.

Todo sucedió
cuando él llegó a mi vida trastocando mis entrañas,
mis sentidos,
mi razón.
Un varón de limpia tez y vivificante sonrisa.
Sí,
mi remedio absoluto para la sensatez,
para la cordura.

Desde que él se situó frente a mis ojos,
me enseña a cada momento
los excesos de la naturalidad,
de la magia.

ellosCon el esbozo en “u” de sus cándidos labios,
ha cambiado mis esquemas aún presentes
y ha afectado en positivo mis desenfrenos y carencias.

Gobierna transparente mi casa
y la de la abuela.
Me secuestra todo el tiempo con sus sortilegios,
con sus ocurrencias,
con sus bucles resplandecientes y alborotados
que se mueven al compás de sus ansias
por descubrir un mundo hecho para él.

Y yo,
como en el síndrome de Estocolmo,
me rindo ante los encantos de mi secuestrador,
cediendo a sus dulces caprichos,
a sus retos y batallas de saltos y gritos,
de carcajadas y complicidades,
pues con solo una mirada,
sabe que me tiene en sus manos.

Todo el día pienso en él,
pienso en mí,
pienso en nosotros.
Mi hijo nos posee,
nos inunda,
nos maravilla.
Y él lo sabe, lo intuye.

Hoy te agradezco el haberme convertido en madre.
Llegaste en el momento indicado,
preciso,
anhelado.

Eres producto del amor
que nos tenemos
y que ahora te tenemos papá y yo.
Te amo por lo que eres y representas.
Por lo que ahora soy desde que llegaste.
Por lo que mi corazón se estremece
cada que dices mamá,
cada que lloras cuando parto al trabajo,
cada que corres
y gritas
y te emocionas cuando vuelvo.

Hasta cada que me pongo
un poquito celosa de papá
porque disfrutas tanto de su compañía
Gracias por la vida, por el amor, por la locura.
Gracias por estar aquí.

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