El pez en la burbuja

Mi suerte

Andrea Ortíz Rodríguez

Tus ojos y su aleteo travieso a través de mi cuerpo, como la mariposa blanca de mi infancia, que siempre dijimos era mi suerte. Tu boca y sus olanes de miel, que bailan debajo, más debajo de mí y me recuerdan dónde está el camino, y la vida… y las estrellas. Que saben que su casa es tu cuerpo, que brillan todas ellas sobre la posible oscuridad; que inundan mi clítoris, los muslos, las piernas, y danzan hacia arriba, con pequeños compases, al ritmo que tú quieras, mientras estás.

Foto: Andy Ortíz
Foto: Andy Ortíz

El ballet que inicia entonces en mis pechos, catedral; que son lo más cercano a nuestras iglesias, donde existe tu única religión y mi credo en la vida, donde besas campanas y muerdes cruces; y callas cualquier creencia para enseñarme una nueva, para crearla juntos. Tomamos el río que se inclina debajo, me bebes, te bebo, secamos mi garganta que se queda sin agua, porque no tiene más porque en eso me convierto; y líquido al fin, fluyo y creo estar viviendo y tratas de tomarme y me resbalo entre tus manos, y la fricción me extasía, te yergue, nos convierte, y te nacen alas entre sangre que corre, y me nacen alas y me vuelvo mariposa, y volamos alto y bajo, con rumbo; llegamos y entiendo que siempre fui eso… el aleteo travieso de tus ojos, como mariposa blanca. Mi suerte. Lh

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