Noctívago

Caer

Juan Pablo Picazo

Uno yace,
el pasto crece
a nuestra espalda
y a veces,
uno se cae al cielo
repentinamente.

Aferrándose a la tierra
la mayoría despierta,
o rezando plegarias manirrotas
y golpeando su pecho
para fingir
que nunca se deleitó
con sus pecados.

Uno,
que no sabe de pecados,
yace en paz
y cae al cielo
libremente,
adicto
a la repentina,
interrumpida muerte.

Saborear el trance
como la dulzura de tu nombre
con gusto a febrero y a cajeta.

Entregarse a la caída
sin mentir esperanzas,
sin sonar a monumento
como lo han logrado tantos.

Guarda uno
el catálogo de dolores
gestados en el cuerpo,
y se encamina
con las alas puestas,
a solamente hendir el aire
y perderse para siempre.

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