Sonetos, sonsonetes y otros versos de la calle

Aterradores

Juan Pablo Picazo

No hay magia que salvar pueda mi casa
donde los libros murmuran silentes,
se cumple la hora, miedo atenaza,
y así llegan ángeles penitentes.

Degluten paredes, gorman su fuego,
y agitan índices acusadores
y a veces los otros entran al juego
ahítos de sombra, merodeadores.

Les lanzo conjuros, mis versos, café,
y no se disipan, tercos guerreros,
armados de muerte y extraña su fe.

Día por medio, más aterradores,
regresan cuando ya al mundo ensalmé
con los viejos cantos restauradores. La taza de café más grande de Nueva York. (Foto de internet)

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