Arena negra

Blue in Green

Andrés Uribe Carvajal

Cargaba un bolso color marrón y una de esas carteras que están muy a la moda y que llevan  colgadas de la mano algunas chicas, la verdad es que me revientan un poco esas carteritas, las van balanceando por donde caminan como si presumieran de ellas o de la pasta que traen encima. En serio, me fastidia, sé que no tendría por qué importarme un rábano algo así, pero igual me molesta.

elefanteYo leía un libro de Salinger, no estaba mal, me parecía un libro muy sincero y nada complejo, vamos nada pretencioso, era lo que era, sin más. Me gustan ese tipo de lecturas de la misma manera como me gusta salir con mis amigos a decir tonterías o como me gusta jugar con mi perro, sin buscarle a la vida otra gran virtud más que la que ofrece. Estaba yo en eso cuando vi que cogió uno de mis libros favoritos. El viaje del elefante de José Saramago, y por un momento la empecé a notar, no es que me atraigan las chicas por los libros que leen, pero tengo que admitir que despertó en mí cierto interés.

Después se sentó frente a mí, y lo empezó a hojear como para convencerse de comprarlo, yo seguí con mi lectura y escuchando Blue in Green de Miles Davis, intentaba no distraerme demasiado, entonces hizo algo que me reventó; en serio, se levantó de su asiento y cogió del estante más cercano un libro de Alice Munro y lo puso al lado de El viaje del elefante lo cual se me hizo algo muy grosero, imagina, es como servir en el mismo plato pastel de carne y palomitas de maíz o como beber vino en un vaso de unicel, ¡cómo me revienta esa escritora! Ni hablar de los dos intentos que hice por leerla y del dinero que gasté en sus libros, sólo porque tenía un sello muy mono de “Premio Nobel” y porque yo soy muy soso y me dejo llevar por esas cosas, pero en serio; esa gente que elige premios no sabe nada.

imagen1En fin, los puso juntos y empezó a mirarlos como para decidir cuál comprar. Estuve a punto de acercarme a su lado y convencerla de llevar el libro de Saramago, aparte, la chica no estaba nada mal, quizás, hasta podía conseguir su número y platicarle cuanto me gustaba a mi Saramago, ja, Como me gusta inventar cosas así con gente que sabe poco del tema. Cuando me disponía a hablarle, se le acercó un tipo con espinilleras y un jersey de americano, le dijo: —Bueno ¿ya nos vamos? Se ve que era un idiota, aparte es de esos tíos que alargan al último las vocales cuando hablan… ¿Ya nos vamoooooooos? Algo muy patético. —Si, sí ya – le respondió la chica, se levantó y dejó  sobre la mesa del café El viaje del elefante Era de lo más triste en serio. Me imagino que ser abandonado por un Alice Munro es de lo peor, que como libro te puede suceder.

Cuando se levantaron el tío abrazó a la chica por el cuello, colgándole el brazo, casi ahorcándola, no sé porque ese tipo de bobos siempre consiguen chicas tan decentes. Lo único que hice después fue pararme por el libro y comprarlo, aunque yo ya tenía una copia, no me importó, me sentía triste y eso me animó un poco. Cuando salí del café la encontré saliendo, ella iba de copiloto al lado del tipo en un deportivo, me miró fijamente mientras yo sostenía el libro entre las manos.
Me lamenté un poco por no haberle hablado antes. 1

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