Onirosofía

Noches de PashYar

Juan Pablo Picazo

Era hora de dormir, por supuesto. Ambos soles se acercaban al horizonte y Damaj, la luna gigante de PashYar mostraba su corona resplandeciente. Aunque lo había visto ya cientos de veces desde que llegué aquí, observé a los PashYarin hacer lo mismo de siempre: detenerse cerca de la techumbre más cercana y tenderse a dormir buscando una pareja, quien sea, que esté cerca, tenga la edad, y esté dispuesta.

Y ahí en público se dan al amor, comparten viandas o conversan antes de abrazar el sueño definitivo. Para este punto yo ya había corrido lo más posible para alcanzar mi cápsula y entrar a dormir ahí, siempre seguido de cerca por alguna chica que quiere compartir la noche. A veces no salgo. O regreso muy temprano. Las costumbres acá son un tanto raras.

Mi destino inicial era Yehrit, un planeta del Sistema Floryan, pero las autoridades universitarias insistieron en que debía venir aquí bajo pena de retirarme los fondos de investigación y el permiso de viaje indefinido, lo que me habría anclado en Ares para siempre. Lo malo es que el año de estancia ha de cumplirse según la duración del planeta-destino y no el planeta de origen, y yo originario de Gaia, podría ir y venir a mi antojo rápidamente. Pero el año de PashYar dura casi 80 de los míos, ahora veo que fui engañado.

Llevo casi 20 de mis años, unos cuantos Trasdev o meses de acá.  La cápsula aún está lejos, y aunque he observado de reojo que una chica me sigue discreta, tengo la esperanza de encontrar a Szyraenäd con quien me he compartido casi exclusivamente desde que llegué.

En el camino he tropezado con varios académicos que se organizan para que el atardecer les caiga encima juntos, esllos y ellas han montado una suerte de campamento cera de la YtrudFerah, lo que llamaríamos universidad nosotros, y para no llamar la atención por el delito de obstrucción genética, van compartiendo parejas de cuando en cuando.

La cápsula está ahí. Szyraenäd no. un mensaje en la pantalla exterior me dice que está de viaje en GehnDelh la tierra gemela de PashYar que gira en la estrella binaria. Cuando abro la puerta para huir de las calles, hay dos mujeres observándome y pidiendo ser invitadas. Antes de invitarlas, ha pasado UhjDamm mi vecino y ha invitado a una de ellas a descansar en su jardín.

La otra chica, la que me seguía, camina dueña de la situación hasta mi cápsula y entra por la puerta abierta. A tiempo. Finos cristales de hielo comienzan a caer, inesperados. Mi vecino y su invitada corren dentro de su casa dejando la terraza abandonada. Entro en la cápsula y ella me dice: –Fyoraldaq, me llamo, hace tiempo que quería entrevistarte.

Es la primera vez, desde hace 20 de mis años. Yo leo sus periódicos y nunca han hablado de mi. Y si. Yo la he visto en algún programa haciendo entrevistas ahora y sólo hasta ahora lo recuerdo. Habla mientras despliega sus pantallas y prepara un escenario, me explica. Parece que será una noche interesante después de todo.

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