Sirena lunar

Luna

Libertad, juventud y buena música. Tres palabras que bien podrían definir mi vida actualmente.

Y nuevamente he regresado a este bar, a pesar de haber recorrido la ciudad en busca de buenos lugares al final siempre termino volviendo a éste.

Hace ya más de un mes que decidí emprender otra aventura. Hace tiempo que he estado alejado de las ciudades, en pleno contacto con la naturaleza, conectándome en cada uno de los bosques que he tenido la suerte de explorar, sin embargo, suelo ser también del tipo que bien puede estar en una gran ciudad, y recorrer cada una de sus calles, pasillos, corredores, mientras los rayos de
luna empapan mi ser. La manera en que las luces alumbran cada uno de los andenes entre tanta oscuridad, dejando que un aire cálido recorra el lugar, la tranquilidad debido a la escasez de personas, la luna, la oscuridad y el brillo de cada estrella, me hacen saber que estoy justo donde quiero estar.

Es por esto que esta historia tiene lugar en una ciudad, si bien no muy grande pero acogedora. Y claro está que la buena música no puede faltar. El ambiente que nace cada noche es único en cada lugar, desde el agradable ambiente de un bar bohemio, hasta el vivaz y alocado vibrar de una buena banda de rock. Que es justo en donde me encuentro ahora, cosa que no es algo extraño últimamente. Claro que este no es el único lugar así en esta ciudad, y me alegra poder decir que he recorrido ya varios de ellos, pero por alguna razón este siempre me hace volver.

Rock del bueno, whisky del bueno, ambiente del bueno.

Mi estancia aquí ha llegado a ser tan frecuente en estos días que incluso he entablado amistad con algunos clientes del bar, tanto jóvenes como adultos, meseros, y claro no podía faltar alguna que otra linda chica llena de vitalidad e inundada con ansias de aventura, riesgos, adrenalina y nuevas experiencias, para la cual yo sería el blanco perfecto.

Sin embargo esta noche sería diferente, esta noche coincidiríamos por primera vez.

Yo, simplemente disfrutando de la música, del ambiente, tan adentrado estaba que por poco no diviso aquel bello rostro, iluminado por una gran sonrisa, llena de una vitalidad que simplemente no pude apartar más mi vista de aquel hermoso ser.

Era una chica de alta estatura, su rostro reflejaba inocencia, enormes y hermosos ojos que de primer vistazo dejaban un aire de tristeza, pero si ponías suficiente atención lograbas ver cuán llenos de luz y alegría estaban, incluso casi tanto como aquella sonrisa, de la cual era simplemente inevitable contagiarse. Desde el primer vistazo podías notar cuán alegre era aquella mujer, de facciones finas, tez clara como la luz de la luna, complexión delgada, pechos pequeños y hermosas piernas, que a pesar de que el ambiente estuviera completamente envuelto de música, ella lograba inundarlo con su alegría, su entusiasmo, su emoción y su ruidosa risa.

Simplemente no pude contener las ganas de acercarme a ella, tenía que saber el nombre de tan extraordinario ser. Y con aquella gran sonrisa que me había hipnotizado pude saberlo, el nombre de aquella chica que con un solo mirar había logrado dejar una huella en todo mí ser.

Toda una sorpresa al encontrarme con que aquella palabra correspondía a aquel satélite que cada noche me llenaba de paz, Luna…

Al parecer no se incomodó al notar que ya me había instalado en el lugar a su lado. Parecía ser una persona muy abierta, sin secretos, sin temor a mostrar su ser, clara como el agua, llena de vitalidad en cada gota, de energía, la cual lograba contagiar con cada sonrisa, con aquel dulce tono de voz, lleno de entusiasmo.

Simplemente nos quedamos disfrutando del alocado y único sonido de cada banda de esta noche, mientras uno que otro trago se hacía presente en nuestra mesa. Logramos intercambiar algunas palabras entre canción y canción, así como bastantes sonrisas.

El ambiente era cómodo y agradable, por lo que sin necesidad de muchas palabras logramos sentirnos bien, cada uno con la compañía del otro. Fue entonces cuando aquella hermosa mujer me invitó a alejarnos del ruido, para entablar así una conversación. 

Nuestra charla estuvo más sostenida por risas que por otra cosa. Su alegría era inevitablemente contagiosa, mientras que su crudo pero divertido sentido del humor estaba en la misma onda que el mío, lograba entenderme y viceversa, y pese a que era la primera vez que hablábamos no podíamos contener la risa en algunas ocasiones, mientras que en las que si nuestros rostros estaban simplemente llenos de alegría.

En medio de aquella inolvidable conversación, confesé que no pertenecía a esta particular ciudad, que vivía de aventuras y nuevas experiencias, de viajes, de cambios, que no tenía hogar ya que para mí el mundo lo era. Ella entrelazó entusiasmadamente su mano con la mía, y me invitó a recorrer la ciudad, cosa que yo había hecho ya, sin embargo no a su lado.

Salimos de aquel bar, envueltos en risas, y entre bromas, llenos de alegría. Caminamos hasta llegar a una pequeña fuente, iluminada por luces, las cuales estaban por toda la ciudad. Entre tanto entusiasmo no pude evitar tomarla entre mis brazos, elevándola en el aire como si fuera algo ya natural entre nosotros, mientras ella ampliaba aquella bella sonrisa. La cercanía de su rostro con el mío cada vez se acortaba, y el ambiente se empezaba a volver más íntimo, donde las ganas de besarnos sobraban, donde largos y apasionados besos faltaban, hasta que naturalmente sus labios se sellaron contra los míos, entrelazándose en una experiencia cósmica, fuera de órbita, de otro mundo, con estallidos de estrellas chispeantes, electrizantes, en cada uno de aquellos largos e intensos besos.

Cuando al fin nos separamos volví a mirarla, sus enormes ojos me hacían no querer mirar hacia otro lado, ella era simplemente hermosa. Me tomó de la mano y envuelta en su característico entusiasmo me llevó a recorrer ciertos andenes de aquella peculiar ciudad, iluminados de esas radiantes luces. Mientras su sonrisa era cada vez más grande, así como mis ganas de besarla otra vez. Incluso me adentró en bares que aún para ese entonces yo desconocía, con el mismo buen ritmo que inundaba el ambiente del momento en que la conocí.

Había recorrido ya muchos lugares a lo largo de mi vida, pero recorrer esta pequeña ciudad a su lado era una experiencia única. De nuevo nos encontrábamos caminando bajo estas características luces de la ciudad, cuando tuve la oportunidad de volver a robarle un beso, claro que había logrado probar aquellos labios algunas veces entre bar y bar, pero era simplemente algo extraordinario.

La situación cada vez se volvía más intensa, y ella se acercaba a mí cada vez más. Empecé a recorrer sus caderas con mis manos, su cintura, toda su figura era perfecta. Mientras ella se acercaba, y colocaba aquellos cálidos brazos alrededor de mi cuello, dejando que la pasión recorriera cada parte de nuestro ser, bajo un acuerdo mutuo entre miradas decidimos continuar en distinto lugar, sin embargo yo no quería que fuera cualquier lugar, como el viejo y desordenado cuarto que por ahora me servía para pasar la noche.

Así que pese a que en mis viajes no suelo invertir en el lugar que me servirá para resguardarme cuando necesite descanso, debido a que mi prioridad es la aventura y explorar el lugar, esa noche no me importaría en absoluto, esa noche sólo esperaba poder darle lo mejor, el mejor hotel de la ciudad.

Era bastante lujoso, y pese a eso no le presté gran atención, subimos por las finas escaleras de cristal adornadas por luces de colores neón, hacia un cuarto amplio y limpio, con un hermoso balcón, del cual el barandal se envolvía entre un frondosa enredadera y flores, un aroma floral inundaba el ambiente, luces apagadas, velas encendidas y un jacuzzi cubierto por pétalos nos esperaban, así como agradables baladas de fondo.

Sin pensarlo dos veces esa bella sonrisa suya se hizo presente, y mientras me abrazaba entusiasmadamente volvía a besarme, a empezar a fundirme entre sus besos, sus caricias, su emoción.

Envuelto de pasión comencé a desprender su vestimenta tan original y única como ella misma, mientras recorría cada parte de su piel, a lo cual ella respondió con el mismo gesto. Y cuando su delicada figura por fin pude ver, simplemente no podía estar más de acuerdo en que era la perfección desatada en un solo ser.

Pese a todo no perdía su vital sonrisa, la cual mantenía mientras llenaba de espuma el gran jacuzzi cubierto por pétalos, lo cual hacía que a pesar de lo pasional de la experiencia la diversión no se apagara en ningún momento. Entre la espuma y los pétalos nacieron las risas, hasta que las bromas nuevamente se tornaron en pasión, en intensidad que no terminaría hasta el amanecer, el cual logramos admirar juntos.

Y pasaron los días, siempre a su lado, días que se convirtieron en meses, viajando, explorando teniendo todo tipo de experiencias, aventuras, inmersos en su radiante alegría y diversión. Pero como sabes amigo mío, todo tarde o temprano llega a su fin, y ahora estoy aquí, de nuevo en el mismo bar donde todo comenzó, con una fotografía suya en mi cartera y su recuerdo en mi corazón.

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