La lectura de un lector

Miriam Rodríguez Hernández

En un paseo por facebook, observé dos videos de “protesta”, primero, el mensaje del
Actor Héctor Suárez al Presidente, hablando de sus conversaciones con Trump y manifestando una
crítica postura como mexicano ante la realidad actual; en el otro, la Cantante Eugenia León, hacía
un comentario y citaba en tanto y a la letra, artículos de la Constitución Mexicana, entendí que es
una iniciativa para culturizar al público del contenido del documento. Ambos audiovisuales están
producidos y gozan del aval y del prestigio de quienes los protagonizan, personajes sino
contestatarios, sí vinculados a posturas no coincidentes con el sistema, para lo cual en ocasiones
recurrentes, desde sus trincheras artísticas se han manifestado en ese sentido. Es clara y loable la
participación de cuantos más personajes se sumen a las iniciativas de informar y convocar por
tanto, a la reflexión de la realidad
emproblemada que vivimos los humanos y los mexicanos,
aprovechando los formatos y prestigios actuales, bajo la premisa de poner el grano de arena y la
certeza de que es mejor hacer, que permanecer indiferente; sin embargo, percibo un fárrago de
los conceptos y técnicas de movimiento y protesta social primermundistas, en su traslado a la
realidad nacional mexicana.


A la lectura de tanta información, al entendimiento de nuestro contexto, a la activación de
una voluntad que se unifique, para la consecución de mejoras sociales sustanciales y no sólo
discursivas; le antecede una capacidad individual y colectiva, desarrollada en función de la
educación y la cultura, que están hoy día en función de la economía. Los de a pie, no vamos
primero al Teatro que al supermercado. La digestión y práctica por parte de los mexicanos de los
consejos e invitaciones a la reflexión que intelectuales y actores sociales organizados promueven
y urgen, no deberían quedar en adhesiones vacías a poner una imagen en nuestro usuario, o a salir
a marchar en silencio sumado a unos u otros, nunca a todos. Debe, como en otras latitudes,
rebotar en iniciativas de ley que se cumplan, en comportamientos sociales que evidencien la
civilidad y la congruencia, en marcos legales de justicia y no de conveniencia, en fin…, que no se
termine en frases trilladas como la de: “los buenos somos más”, o la de: “a los mexicanos se les
respeta…”.

Desgraciadamente, nuestra economía y operación del singular sistema político nacional
nos impide exigir respeto, desde un interior que evidencia la falta de ello, desde los nuestros hacia
los nuestros, a partir de las conductas cotidianas. Nuestras características físicas, socio culturales,

pero sobre todo económicas, determinan el fracaso de cualquier manifestación social que “invite”
a cualquier cosa. Y es que no hay a quien confrontar allá fuera, a diferencia de los discursos
convocantes, el enemigo si está entre nosotros, de hecho está en nosotros; y la única solución no
está en manos de nadie, sino en la activación de nuestra consciencia. Necesitamos estar
conscientes de que debemos educarnos y aprender bien, aunque esto cueste trabajo, tenemos
que estar dispuestos al trabajo y al esfuerzo de hacer bien las cosas. De leer, de escribir, de creer
de practicar conductas sociales superiores; que en el día a día, reflejen que todos esos discursos y
palabras e imágenes convocantes pueden ser una realidad y no solo una motivación.

Dejar atrás la IGNORANCIA, es saber que el futuro es un reto y que los más pobres lo
tendremos más complicado, evitar el autoengaño y la complacencia. Una Universidad que marcha
pero que no reconoce las carencias de su día a día, que sigue sin una cobertura óptima, que
sostiene una burocracia viciada e inútil, que no descubre ni inventa nada significativo, y que
además se ostenta como todo lo contrario, es fracaso y no esperanza como debería ser. Una
constitución tan vigente como inoperantes es fracaso. Un sistema educativo incipiente, fallido y
desenfocado, es fracaso. Un sistema de comunicación unilateral y corto, es fracaso. Un sistema
económico dependiente y desorganizado, es fracaso. Un sistema de salud reducido a paracetamol
y al Dr. Simi, es fracaso. Un contexto físico de vialidades mortales y torpes, de prostitución
comercial disfrazada de “turismo”, es y es fracaso, posturas vacías pero colectivas es fracaso. No
entendemos, sabemos, pero no entendemos, y es que ese proceso requiere tiempo, dinero y
esfuerzo, requiere no ser totalmente pobre, y menos de espíritu.

En la experiencia como docente, se observa que es abismal la distancia que hay entre un
alumno que sepa sumar y otro que ¡entienda para que le sirve sumar!, puede implicar que el
primero solo sepa hacer cuentas cuando se lo requieran, y que el otro tenga unas finanzas sanas al
comprender el sistema económico y tomar decisiones en consecuencia. El que sólo sabe, está
imposibilitado de tomar una decisión con base en su información, no alcanza a ver la utilidad
práctica a dicho saber, ejemplo de ello es que todos sabemos que las frutas y verduras son buenas,
pero no por eso nos alimentamos sanamente. La persona que es capaz de comprender es capaz de
cambiar un hábito y luego otro, con el tiempo y dedicación correctas.

Cantinflas decía “Yo no quiero acabar con los Ricos sino con los pobres”. Y ¿quiénes son los
pobres? El INEGI no dice nada al respecto, hoy día todas las instituciones están muy neutrales en
la exposición de la información de modo que exhiben todo en el orden de lo sobrio y confuso. Sin

embargo, en una disertación sobre la medición de la pobreza en México, Araceli Damián y Julio
Boltvinik, establecen que:

La pobreza generalmente se asocia con la carencia de bienes y servicios, con la
insatisfacción de necesidades humanas básicas. La pobreza es un testimonio de derechos
humanos incumplidos, de falta de respeto a la dignidad humana. La pobreza y la
indigencia son la negación de derechos humanos fundamentales. El derecho a una vida
digna es, sin duda, el derecho humano fundamental que se puede concebir como la
síntesis de los derechos políticos, económicos y sociales. Comprende, entre otras, las
libertades básicas de trabajo, tránsito, opinión; los derechos políticos y electorales, la no
discriminación. Las dimensiones del derecho a una vida digna que dependen del acceso a
recursos, podríamos llamarlas el derecho a no ser pobre. Este derecho quedaría en un
nivel muy abstracto si no especificamos (lo más detalladamente posible) qué recursos o
qué nivel de vida se requiere para no ser pobre y, por tanto, qué significa la pobreza.

Entre algunos datos que aporta, es la revisión de la pobreza alimentaria, de la pobreza respecto a
la calidad de vida, a la educación, al tiempo libre, etc. En un ejercicio completo llega a la
conclusión de que mídase como se mida, los resultados son contundentes en cuanto a que la
pobreza en México se conservó con las mismas carencias por tres décadas, para incrementarse a
partir del 2000, en los diferentes segmentos a los que se asocia (todos). Por lo que concluyo que,
la pobreza en nuestro país está presente en todos los habitantes en México que no gozamos de
privilegios específicos económicos que catapultan todos los demás derechos, sin embargo siendo
los derechos humanos el indicador más fehaciente de progreso, podemos concluir que por la falta
de oportunidades y por la realidad nacional que cruza a todos los habitantes,
TODOS somos
pobres en México ya que están mermados nuestros derechos humanos (
vida digna, libertades
básicas de trabajo, tránsito, opinión; derechos políticos y electorales, la no discriminación)
. Todo y
nada ocurre.

Retomo el asunto original del texto, los intelectuales analizan y exponen y los periodistas aportan
y los esperanzados se suman y suman a iniciativas con buenos propósitos y acciones valientes
como la del Sr. Suárez, sin embargo, a quienes nos hablan son a esa gran mayoría de pobres que
en un sector y otro, que por una carencia u otra, a lo único que nos podemos sumar es al espíritu
sensiblero que envuelve este tipo de reflexiones que exigen o implican, para un accionar de la
consciencia, caer en tierra fértil, es decir en tierra no pobre que permita germinar ideas y

principios que puedan cosechar sociedades presentes y futuras que posibiliten humanidad e
igualdad, pero no olvidemos que en el régimen capitalista que rige al mundo, la sensibilidad no es
un elemento que determine la limitación de sus excesos.

Se hace necesario, retomar al Filósofo Italiano Gianni Vattimo, quien retomando a Ortega y
Gassete, reflexiona sobre la masificación del pensamiento que, a través de una aparente mayor o
total apertura, elimina el sentido de la crítica al masificarla, ya que debería desembocar en la
acción motivadora o impulsora que concrete el cambio de situación, sin embargo, el segmentarse
socialmente e intercambiar diálogos sin capacidades, no establecerá diferencia alguna, sino de
forma contraria, se ingresa a un subnivel de engaño en el que se imagina que se actúa y en
realidad solo se divaga.

Actuar para cambiar y no solo adherirse para aparentar protestar, sería la primera reacción de
una sociedad preparada para el cambio, lo demás, siempre será lo de menos.

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