Sirena lunar

Ali

Liz Areli Reyes Rincón

En las aguas más oscuras de la profundidad del océano, habitaba un ser misterioso, una hermosa criatura de delicado rostro, finas facciones, suave y blanca piel, que poseía una cabellera larga y negra, labios y nariz delgados y una gran y hermosa cola, llena de escamas.

El nombre de este bello y enigmático ser era Ali. Una hermosa chica con cola de pez, su pasado era un misterio, hasta para ella misma. Al parecer era la única en su especie, y como en toda vieja leyenda se deleitaba con los exquisitos sabores que la carne humana le proporcionaba.

Ali pasaba horas jugando con los peces, eran sus más íntimos confidentes.

Le encantaba pasearse por los arrecifes de coral, e incluso buscar ser espectadora del maravilloso show de luces y fluorecencias que las medusas le brindaban, claro está desde considerable distancia. La adrenalina que recorría sus venas cuando lograba escapar de algún depredador la hacía sentir viva.

Y cada vez que se percataba de que algún barco rondaba cerca de donde ella se encontraba, hacía su magnífica aparición. Tal como estaba a punto de suceder.

Enigmática sólo como ella podía ser salía de las frías aguas del mar para treparse en aquel enorme navío y con sus dulces tonadas encantar a todo aquel que estuviera en la desafortunada barca; quien la oía, terminaba perdido en su canto, prisionero de sus melodías, esclavo de su dulce voz.

Finalmente dejaba al descubierto su hermosa figura, que parecía tallada por los mismos dioses, con la que en conjunto con su hipnótica voz eran armas a las que ningún marino había podido resistir.

Una sonrisa de oreja a oreja apareció en su bello rostro, cuando vio el gran festín que se iba a dar. Pero entonces se percató de que uno de los hombres de aquel navío no sólo le resultaba atractivo, si no que logró cautivarla al punto de despertar en ella curiosidad que jamás había sentido.

Quería conocerlo, a él con todo lo que era sin los efectos que su placentera voz podía causar. Sin remordimiento alguno empezó a devorar uno a uno a los hombres de la embarcación, dejándolo sólo a él.

Ella esperó y esperó a que el chico volviera en sí, para al fin poder preguntarle su nombre. Al principio su reacción fue la esperada, no entendía nada de lo que estaba pasando, parecía consternado.

Su nombre era Greck, un marino sin mucha experiencia. Ella le explicó lo que era, sin embargo el miedo no invadió la cara de Greck.

-¿No tienes miedo?- preguntó ella.

-¿Por qué lo tendría? Si me acabas de decir que me has dejado vivir-. Respondió con una cálida sonrisa.

El chico navegó sólo el navío los días siguientes, y mientras más pasaban los días ambos empezaban a sentir algo cada vez más fuerte el uno por el otro. Poco tiempo pasó hasta que él no pudo resistirse más y finalmente unió sus labios con los de ella en un apasionado pero dulce beso.

Ninguno de los dos podía creer lo que estaba sucediendo, parecía una escena sacada de algún libro de fantasía, una criatura que parecía sacada de la imaginación de un infante y un joven marinero acariciando sus labios, para después alejarse con una sonrisa en los labios, no hablaron más ese día.

Ninguno pudo dormir esa noche, embriagados con el sabor de los labios del otro, soñándose con el siguiente encuentro. A la mañana siguiente ella había tomado una decisión, quería mostrarle las maravillas de su mundo acuático a su amado, deleitarlo con la inmensidad del océano al que llamaba hogar.

Ella sabía que él no podía respirar debajo del agua, no pretendía que hiciera de este su hogar, simplemente sería un pequeño vistazo que ella quería brindarle. Él aceptó gustoso, dándole un beso en la mejilla y tomando tiernamente su mano.

Ambos se adentraron a aquellas aguas, sólo para que ella pudiera contemplar cómo el rostro de su amado era invadido por una expresión de pánico y desconcierto. Cuando ella echó un vistazo no pudo notar que se encontraban en su habitación, en realidad lo había llevado a conocer su verdadero hogar. Por lo que el joven Greck, estudiante de sistemas, quedó impactado al descubrir la cantidad de cadáveres a medio comer, desmembrados y despedazados que abundaban en el lugar.

La miró con terror y lentamente intentó dirigirse hacia la puerta, ella lo miró con lágrimas adornando sus hermosos ojos sin entender lo que pasaba.

-¿Por qué pareces aterrado? Este es mi hogar, el océano es mi mundo- dijo con un tono que hacía notar su plena confusión.

Él pudo darse cuenta de que las veces que ella le decía que era una sirena no era un simple juego, si no su realidad.

-Tienes razón, disculpa esta reacción mía, me aterra la idea de no poder acompañarte en tu mundo, es por eso que debo regresar a mi tierra, por un traje especial que me permitirá permanecer a tu lado.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de la joven, al tiempo que su amado salía de aquella putrefacta habitación. Meses después la espera de su amante había llegado a su fin, sometido a fuertes terapias de hipnosis regresó al lado de la bella joven, cumpliendo su promesa de permanecer a su lado, en su trastornado mundo.

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