Gato encerrado

La lectura en los tiempos del Facebook

 Gabriela Tapia Vega

Entendiendo a la lectura no como la simple acción de descifrar mediante la vista o el tacto, de manera literal, signos y códigos, sino como el proceso de interpretación y comprensión de materiales escritos, para evaluarlos y usarlos en nuestras necesidades, podemos observar un alto índice de analfabetismo funcional en nuestra población. En México, el nivel de lectura es paupérrimo. Las estadísticas de los últimos años oscilan entre medio libro a dos libros al año (las más optimistas), nivel que, comparado con los 20 libros anuales que se leen en países más desarrollados económicamente o incluso con países cuya economía es similar a la nuestra, como Brasil en donde se leen 4.7 libros al año, nos hacen ver un panorama preocupante en nuestra sociedad. Algunas cifras indican que la criminalidad está asociada al mencionado analfabetismo funcional o a la falta de costumbre por la lectura. Según un dato del video ¿Para qué leer?, difundido por la editorial Alfaguara, el 78% de los homicidas en nuestro país nunca ha leído un libro completo.

Si sumamos a los datos anteriores la excesiva información, con estímulos desbordantes de colores, sonidos, e información digerida, que los medios electrónicos nos proveen, la fórmula es perfecta: “saber es poder”. Los que se encuentran detrás de los medios masivos de información, de las instituciones que ejercen, en un momento determinado, un cierto poder, lo saben. A menor lectura, mayor manipulación. A mayor cantidad de necesidades innecesarias, de telenovelas, películas o programas con historias idealizadas, menor capacidad crítica, menor creatividad.  Horkheimer y Adorno mencionan que lo anterior no es más que la Industria cultural, en la cual de lo que se trata es de estandarizar pensamientos, ideas, necesidades; el arte se pervierte por las modas, la reproducción y las ventas. Mediante las redes sociales como Facebook, reproducimos ideas, cuyo origen no sabemos, imágenes, cuyo contenido no entendemos, carencias que ni siquiera identificamos.

La lectura nos libera. Nos hace críticos (que no criticones). Nos muestra el camino para construir y no para derrumbar. Si le damos un libro a nuestros hijos, si nosotros también predicamos con el ejemplo y no solo con la palabra, tendrán las herramientas para solucionar sus problemas mediante el diálogo y la razón. Serán capaces de expresarse mejor y establecer relaciones interpersonales más óptimas, más fuertes. Comprenderán mejor el mundo que les rodea y como consecuencia tendremos una sociedad más avanzada, más humana, menos violenta, con mayor desarrollo en la ciencia, las artes, la filosofía.

Ahora, no nos confundamos. No son sabios los que siempre aparecen con un libro bajo el brazo, pues como versa el refrán popular, “el hábito no hace al monje”. Es decir, no se trata de “hacer como sí…”, sino de cargar el libro para leerlo y no para aparentar. Del mismo modo, no es que los medios electrónicos sean malos o nocivos por sí. No es que el mencionado Facebook le haga daño a la salud mental, como algunos críticos e intelectuales o intelectualoides lo afirman. Al contrario, las redes sociales, la Internet, los demás medios electrónicos, son muy útiles sabiéndolos utilizar y nos pueden acercar a la lectura también. Leer en pantalla no es perder el tiempo, sobre todo para los nativos digitales.

Al leer, con los olores y texturas de los libros en papel o con los matices de los e-books o pantallas electrónicas, se pueden vivir grandes aventuras, pasiones desbordadas. Podemos vivir, vivirnos. Viajar junto a los personajes a lugares reales o imaginarios. Se puede sufrir, disfrutar, amar, llorar, odiar, perdonar. Podemos indignarnos con las injusticias del mundo, de la vida, pero al mismo tiempo, imaginar mundos mejores. Podemos padecer; encontrarnos, desencontrarnos y reencontrarnos; identificarnos o diferenciarnos. O podemos ser a través de las líneas, a través de las palabras. Leyendo no sólo se aprenden cosas nuevas, sino que se despliega la imaginación y se potencia la creatividad.

Leyendo edificamos, construimos, creamos. Conocemos lo aún desconocido, transformamos el mundo, nuestro mundo. Nos sensibilizamos ante los textos interpretando de manera particular, significando y resignificando, conociendo y re-conociéndonos en las palabras, en las historias, en los contextos…

            Leyendo en los tiempos del Facebook, en los tiempos del “acelere”, de la violencia desbordada, de la superficialidad, nos enfrentamos con herramientas al pasado y lo entendemos, miramos al presente y nos confrontamos cara a cara con él, nos trasladamos al futuro y construimos. Dialogando con las letras, con las palabras que nos significan, que nos marcan heredamos huellas significantes, constituyentes, deconstructivas.  Somos y dejamos ser.

 

 

 

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  1. […] Entendiendo a la lectura no como la simple acción de descifrar mediante la vista o el tacto, de manera literal, signos y códigos, sino como el proceso de interpretación y comprensión de materiales escritos, para evaluarlos y usarlos en nuestras necesidades, podemos observar un alto índice de analfabetismo funcional en nuestra población. En México, el nivel de lectura es paupérrimo. Las estadísticas de los últimos años oscilan entre medio libro a dos libros al año (las más optimistas), nivel que, comparado con los 20 libros anuales que se leen en países más desarrollados económicamente o incluso con países cuya economía es… (Seguir leyendo) […]

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