Otro mundo

La sombra del Tlatohuani

Juan Pablo Picazo

Bebido que hube
vino del viento,
el Tlatohuani de los muchos brazos
blandió cetro, aldabas
y acicates.

Tábanos viajeros se complacen
con la sangre vertida en sus altares.

No hay ser libre,
ni cuerdo que ate sogas
con la herrumbre de las joyas familiares,
por el miedo a las demoliciones.

Todos guardan
sus recetas de felicidad
bajo la almohada,
mientras los pretéritos
hijos de la calle
las necesitamos.

Quienes esta noche
calientan bancas y banquetas
no tendrán banquete,
sino que comerán mañana
la sopa fría del Tlatohuani
aderezada a las finas grietas
y la sórdida magneficiencia de su capricho
que pronuncia vituperios.

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