Otro mundo

Ímpetu y tormenta

Por Juan Pablo Picazo

Un hambriento, roto sabio
mira sus manos, y les habla;
telúricas dehesas son
donde nada puede construirse.

El piano se le olvida ya,
desde hace tanto.
Pero digita en los pretiles
y las bancas
apretando los pedales
con el muñón del pie fantasma.

Lo acompañan
muertos ilustres:
Schöenberg,
Beethoven
y Rachmaninov.

Abanica la cabeza,
y los sordos,
desde sus trajes,
sus autos,
sus ultrajes,
lo miran como un peligro.

Toca con los mitones raídos
sus composiciones
de ímpetu
y tormenta.
Sólo escuchan él,
sus muertos
y los gatos
que van y vienen en medio
de ambos mundos.

Hace tiempo
que nadie le regala sobras,
que nadie le lanza su desprecio
amortiguado
por una o dos monedas.

Esta noche
es el dueño del viento,
el padre de las sombras,
músico
de todos los tiempos,
ya mañana el sol,
y los policías
y los muerteros.

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