El grito de las musas

“Si alguna cosa hay que no me canse, es el vivir”.
Mariano José de Larra.
Fígaro de vuelta

Tania Jasso Blancas

“Me gusta cuando callas porque estás como ausente” escribió Pablo Neruda, parece que las musas del poeta están muy lejos de ser como las de este siglo. Han existido personajes que como a Neruda, estas divinidades femeninas de la mitología griega dictaron expresiones que podrían parecer misóginas, las cuales pueden confundirse con sexismo o machismo, sin embargo, en estas ideas no se promulga la supremacía del hombre, sino que se rechaza cualquier tipo de dependencia a la mujer. Es el caso de Arthur Schopenhauer, quien dijo: “La experiencia de un hombre es conocimiento y el conocimiento es poder. Y no hay nada que una mujer desee más que el poder, el cual sólo puede ser ejercido a través de un hombre”. O bien: “La mujer es aquella de ideas cortas y cabellos largos”. Friedrich Nietzsche fue más agresivo: “Si vas con mujeres, no olvides el látigo”. En su libro Memorias de mis putas tristes, Gabriel García Márquez, comienza con la frase “El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen” ¿en qué pensaban las musas del príncipe del realismo mágico presentando en su mente a la joven como un objeto digno de regalarse?

Para los antiguos griegos existían 9 musas, Calíope musa inspiradora de la elocuencia, belleza y poesía épica; Clío, de la historia; Erató, de la poesía amorosa; Euterpe, de la música; Melpómene, de la tragedia; Polimnia, de los himnos o cantos sagrados; Talía, de la comedia; Tersícore, de la danza y Urania, musa de la Astronomía, con el transcurrir de la historia éstas siguen obrando milagros a la hora de inspirar a los artistas y entonces podemos tenerlas cerca leyendo a Jaime Sabines, poeta del pueblo que hablaba de amor y de juventud por contagio, entre otras cosas; en uno de sus poemas más celebres comienza así: “Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino”, otra vez el silencio en la poesía. Por otra parte, tenemos a Octavio Paz haciendo sesudos ensayos sobre poética como “Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima, silencio que habla” en el poema Tus ojos, al parecer las musas de Paz prefieren romper ese silencio.

Las deidades inspiradoras, también en la música, se han aplicado en la idealización del amor y la mujer, por ello tenemos canciones ochenteras en las que las intérpretes se rasgan las vestiduras asumiendo una absurda sumisión, como en esa canción que hiciera famosa Mocedades en la que el estribillo reza: “Tú me admiras porque callo y miro al cielo”. Es poco probable que en pleno siglo XXI, en donde la mayoría de los éxitos musicales son reguetones que ensalzan la promiscuidad y la calentura femenina, aún existan mujeres que encierren sus penas poniendo esta canción de Mocedades.

Los avances tecnológicos, han intentado que las musas del Olimpo sean paulatinamente olvidadas por la salvaje juventud que hoy busca llegar al corazón de sus amores con un simple copy-paste de algún verso cursi de Arjona o el corito ñoño de una canción de Camila.

Sin embargo, las musas, en esta justa contra el olvido, siguen haciendo que la tierra gire sin despeñarse al vacío llegando a los artistas con la inspiración rebelde, libre y a gritos.

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