Otro mundo

Visión diurna

Juan Pablo Picazo

Consuelan viudas
a los reyes,
lloran los dioses
la incesante partida de mortales.

Mi cuerpo,
ese apéndice fútil
de mi poderosa sombra,
me sigue sosegado
a todas partes
suponiendo que tiene el timón.

Y los rancios gritan,
blanden sus flácidas manos
porque alérgicos son a razones
y sólo les place escucharse.

Se anudan las horcas
porque divinas corbatas
las sueñan,
amenazan con ellas,
y al fin se asfixian en cama.

Gobiernan la calle
flamantes aedos laureados,
barriendo los restos
de reyes, de rancios y rozneros
mientras trovan silbando.

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