El grito de las musas

¿Ser solo lo que soy?

En mi otra vida, pido ser… tú

Tania Jasso Blancas

En mi rutina diaria de revisar las noticias, me topo con un dato que me resulta por demás impactante, en el año que recién terminó, 2017, desaparecieron 253 mujeres en el estado de Morelos, esta cifra se da a conocer con base a las fichas de búsqueda y localización que emite el gobierno del Estado, lo más alarmante del caso es que si tomamos en cuenta que por cada una de estas fichas, hay dos más que no se difunden, la cantidad de mujeres desaparecidas aumenta a casi ochocientas, casi el doble de casos que en el año anterior. ¿Cómo es posible que en este tiempo en que se presume estamos muy conectados, puedan evaporarse tantas personas? Asusta pensar en asuntos como mafias, trata de blancas, tráfico de órganos, ajustes de cuentas, feminicidios. O trágicos accidentes y suicidios en lugares inaccesibles, víctimas de desastres naturales. O, desvariando, agujeros negros que las transportan a otro universo, o a otra dimensión; o en empresas clandestinas especializadas en proporcionar nuevas identidades. Ofrezco una disculpa si mis palabras parecen frivolizar un tema tan terrible, pocas cosas debe de haber más dolorosas que el hecho de no volver a saber de alguien, ignorar qué ha sido de esa persona, no poder cerrar la herida de su pérdida, no despedir a un ser querido. Es que la cifra es tan elevada que creo me ha enajenado la cabeza.

Prefiero pensar y saliendo de la realidad, que, algunos casos, no son producto de las enfermedades de las que adolece mi país: narcotráfico, trata de blancas, etcétera. Si no que en ciertas mujeres existió ese anhelo de escapar de sus propias vidas. Porque ¿quién no ha sentido alguna vez ese deseo de poder ser otro, de huir de uno mismo y poder empezar de cero? Nacemos con infinitas posibilidades, infinidad de caminos que con el tiempo se van haciendo menos y las vidas potenciales van disminuyendo hasta encerrarnos en lo que somos. Ser sólo lo que somos en ocasiones asfixia. Es por eso que leemos y escribimos, vemos películas y telenovelas, vamos al teatro o nos convertimos en adictos a redes sociales, para de alguna manera experimentar otras vidas, aunque sea de manera virtual.

En la literatura este tema de ser otro, es recurrente, por ejemplo, en La invención del amor José Ovejero, escritor español, narra una historia de amor atípica, pero también una historia de imposturas, de cuando un hombre decide hacerse pasar por el amante de una muchacha recién fallecida. Es también la necesidad tan humana de inventarnos otro, el que no fuimos, o algo distintos de lo que somos en el presente, para soportar la monótona existencia. Por su parte, el estadounidense Nathaniel Hawthorne, en el cuento Wakefield, expresa esta necesidad al narrar la historia de un hombre que sale un día de casa y no vuelve a ser visto en muchos años, alquila un departamento justo frente a su antiguo domicilio y pasa todo ese tiempo observando el dolor de su familia, la forma en que se transforma el entorno con su ausencia, el escritor hace suponer que cuando este hombre al fin regresa, es porque ha conseguido convertir su propia vida en la vida de Otro.

En realidad, no soy tan radical, aunque confieso, que, en ocasiones, imagino que soy otra persona, y lo hago de manera involuntaria, hecho que nada tiene que ver con envidiar una vida en particular, sino, supongo es solo la necesidad de salir del encierro de mi misma. Como cuando, caminando por la ciudad, veo un cartel de SE RENTA en un viejo edificio, me pregunto ¿Y si yo viviera ahí? ¿Y si tuviera diez años viviendo en ese lugar? O descubro un rancho en las afueras e inevitablemente me veo cosechando la comida de hoy o dándole de comer a los animales.

A veces el dolor, la depresión y la desesperación de que el mundo que me rodea no sea el que me gustaría, me obliga a desaparecer un rato y de manera voluntaria. Al ver noticias como las de hoy, de pronto pienso ¿Y si soy yo a quién desaparecen? O peor aún ¿si es alguna de las queridas mujeres que me rodean las que lo hicieran? Quién sabe, pero puede que las que desaparecieron estén buscando aún el camino de vuelta.
Me parecen curiosas las personas que continúan la vida, día con día exactamente igual, a pesar de que no es lo que realmente les gustaría, respeto, aunque no comparto ese conformismo de aceptar lo que les toca, sin siquiera imaginar una vida diferente, yo no podría continuar tranquila sabiendo que hay tanto por cambiar en un mundo en donde involuntariamente puede desaparecer una persona, y entonces me convierto también, aunque sea por momentos, en aquellas que buscan, es seguramente, una de las razones por las que escribo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.