Gato encerrado

Sufragio ¿efectivo? El circo y la maroma en el teatro electoral

Gabriela Tapia Vega

Desde hace ya algunos sexenios hemos venido escuchando la palabra democracia, sobre todo cada vez que se acerca un proceso de elección estatal o federal. En realidad, de lo que se trata es de estar alertas y analizar las verdaderas propuestas de los candidatos. Porque la democracia no consiste sólo en tachar un recuadro en una boleta y así elegir a nuestros representantes, sino en reflexionar el voto y en evitar que otros elijan a quienes nos gobernarán.

Participación informada

La acción de la democracia implica participación. Pero esta debe ser una participación informada, y justo este es el quid del asunto, pues, si como decía Platón, el pueblo es como un animal esclavo de sus pasiones e intereses pasajeros, fácilmente impresionable a lisonjas y halagos, poco constante en sus amores y odios; “confiarle el poder es aceptar la tiranía de un ser incapaz de la menor reflexión y rigor”.

Gato encerrado Gabriela Tapia Vega, La hormegaY en realidad lo que hoy observamos, son campañas desbordadas en descalificaciones, entre quienes compiten por la presidencia de México, discursos masificadores, homogéneos, dirigidos a una sociedad pasiva, fácilmente influenciable y crédula. En este tenor, cobra cada vez mayor vigencia aquella frase atribuida a Maquiavelo: el pueblo tiene el gobierno que se merece, por ser un pueblo inculto, poco crítico, que a menudo funda sus argumentos políticos en discursos que ha visto en la televisión o en las redes sociales. Así, “una mentira repetida mil veces se convierte en la verdad”, una verdad incuestionable. En este sentido, la voz del pueblo, se convierte en una voz desinformada, manipulada.

Aunque no todo está perdido. Dejemos de vernos como una sociedad reprimida y marginada por un aparato ideológico aplastante. Todos somos parte de la sociedad y como tal “somos responsables por acción u omisión” de lo que ahí suceda. La democracia sólo funcionará cuando dejemos de ser víctimas y seamos partícipes responsables, informados y activos de nuestras elecciones.

La democracia mexicana en el retrovisor

Bajo el lema de “sufragio efectivo, no reelección”, reivindicado a principios del siglo XX en contra de la reelección de Porfirio Díaz, en México toma auge el hablar de la democracia como la forma de gobierno por medio de la cual, los representantes, para el ejercicio de los poderes Ejecutivo y Legislativo del Estado, son elegidos mediante sufragio popular.

Dicha reivindicación, no obstante, pierde su prosperidad tras la llegada en 1929 del Partido Nacional Revolucionario (PNR) al sistema político mexicano; mismo que bajo los nombres de Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y después Partido Revolucionario Institucional (PRI), controló el sistema político durante más de 70 años, poniendo en mayor duda la efectividad del proceso de elección en 1988, cuando en las elecciones para presidente de la república, el triunfo de Carlos Salinas de Gortari sobre Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano levanta muchas suspicacias, pues el segundo parecía abrir nuevamente la brecha para el campo democrático por el Frente Democrático Nacional (FDN), llamado posteriormente Partido de la Revolución Democrática (PRD).

pobreza, gato encerrado, la hormegaAsí, desde la década de los 80, los partidos de oposición, representaron una seria amenaza a la hegemonía del PRI. La gente parecía cansada de la enmascarada democracia que habría desembocado en un alto porcentaje de abstencionismo en las urnas. Al margen de las cifras, la crisis se dejaba ver en el ánimo de la gente, en la pobreza generalizada, el desempleo juvenil, la delincuencia desatada, el crecimiento del narcotráfico y con él, de la inseguridad.

El cambio que no fue

En las elecciones del 2000, el PAN, cuyo candidato era Vicente Fox Quezada, se proponía a sí mismo como el gobierno del cambio, pero con un modelo económico capitalista-neoliberal similar al del PRI, por lo tanto, si ganaba Fox o Labastida (candidato del PRI) seguiría el proyecto económico que sumió al país en la pobreza, y puso toda la economía en manos de unos cuantos billonarios.

Ahora, Fox ¿fue el cambio? Definitivamente no. Sólo fue un presidente mediático, cuyo desempeño en el gobierno dejó en la memoria de los mexicanos, más escándalos y polémica, que constructos para un mayor desarrollo del país en materia económica, social o cultural.

Seis años después, Felipe Calderón Hinojosa continúa el modelo del PAN, después de una segunda contienda con resultados dudosos, sobre todo luego de los cuestionamientos hacia su llegada al poder y su respuesta contundente de haber llegado a la presidencia: “Haiga sido como haiga sido”.

Dos sexenios más y el espectáculo de las elecciones y el resultado (manipulado o no), continuó.

Datos de candidatos

Si el objetivo del PAN en las elecciones del 2000 era destituir al PRI del poder, en adelante (2006, 2012 y ahora en 2018), el blanco de la faramalla electoral se ha centrado en el desprestigio del hoy candidato de MORENA, Andrés Manuel López Obrador. Y aunque su proyecto es, según los billonarios (entre ellos partidarios del PRI y del PAN), “populismo”, en palabras de algunos economistas, es sin duda éste el proyecto económico que el país necesita.

AMLO, como es conocido el candidato de MORENA, propone un modelo económico de oportunidades a los que menos tienen, sin descuidar a la iniciativa privada como muchos pretenden hacer ver. No obstante, sus múltiples adversarios desde el año 2006 hasta hoy, se han unido en una campaña de descalificación hacia su persona, más que de propuestas reales.

Por su parte, José Antonio Meade, representa la candidatura de un partido político, cuya imagen desgastada por lo dicho con antelación y por prácticas recurrentes en los procesos electorales en cuanto a represión, amenazas, compras de votos o desaparición de casillas,  parece haberse convertido en una mafia nacional. Ellos saben que de perder, se destaparía la cloaca de la corrupción con la que ellos medran en el país.

En cuanto a Ricardo Anaya, la falta de concreción en sus ideas, conllevan a resumir sus propuestas en recuperar el poder y descalificar al “enemigo” a cualquier precio. Aunque sea con datos manipulados que confunden a la población cuyas fuentes únicas de información se reducen a televisoras locales y redes sociales cuya confiabilidad, en ambos casos, es dudosa.

López Obrador representa al candidato que no conviene a los intereses de empresarios que aún ejercen un control sobre los procesos, y quienes aparecen con grandes estrategias de represión hacia ciertos sectores de la población (de una manera velada o abierta). Esto es preocupante. Y aunque tampoco está exento de críticas por su folclórico y arrebatado vocabulario, parece ser la opción más honesta.

elecciones 2018, gato encerrado, la hormegaNo todo está dicho, y aunque la mayor parte de las empresas encuestadoras nacionales y extranjeras aventajan con más de 20 puntos a López Obrador sobre el segundo lugar Ricardo Anaya, la posibilidad de un tercer fraude en la escena electoral está aún latente. La pregunta es ¿Y si se repitieran los resultados del 88 o del 2006 seguiría sin pasar nada como hasta ahora? Reflexionemos nuestro voto y asumamos con responsabilidad las consecuencias.

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