Otro mundo

Solitudinem

Juan Pablo Picazo

El viejo habla solo,
sus harapos nos dicen
que a cosa alguna
o algún techo,
no llama míos.

Escuchar nadie,
su jerigonza entiende ninguno,
pero ahora,
susurra unos versos,
apenado los dice,
triste y compuesta
su apenas voz los pronuncia.

Me siento cerca
indetectado le oigo:
“Y es que mala espina muy
ya me daba ser poeta,
pero no había remedio:
cosa no era de los versos,
ni la música culpable.

Los muertos me han dicho
que de necios es nostalgia,
pero hoy he visto tu nombre
en muros que estaban perdidos.

Y perdido del mundo
y en el mundo hallado,
cientos de acordes después,
infinitas las rimas que luego,
he aquí que recuerdas
los nombres que habíamos dicho.

Guedejas de fuego
se alimentaban del viento,
olas transparentes los iris,
qué pena:
no fui tu espejo,
tu sombra,
tu pienso.

Ahí estás,
la mano ocupada en grafías
y te miro sin verte,
escucho sin beber de tu voz,
y cierto sé
que un diálogo,
tiempo,
o portal
se han abierto”.

Me muevo
y me observa,
sabe que lo he oído
y se marcha
con paso extraviado.

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