Necton de tierra

Plancton, necton y bentos

Por Juan Jacobo Schmitter

Necton: dícese de los organismos acuáticos que no se dejan llevar por la corriente, pues son capaces de nadar incluso en contra de ella.

Que sean capaces no garantiza que lo hagan. A veces se limitan a predicarle al coro, con toda comodidad, sin arriesgar la vida.

Su ciclo vital suele iniciar en el plancton, esos organismos chiquitos que no pueden hacer más que flotar a donde el agua los lleve. En algún momento, llamado militarmente reclutamiento, adquieren su independencia de ruta. Suele coincidir con el inicio de su dependencia de alimentación: antes tenían su itacate, el vitelo, remanente de la yema de su huevo familiar. Al reclutarse a la vida, acaba su autarquía, dependen ahora de procurarse su propio alimento.

Más adelante, personas amadas dependerán de ellos. Un segundo reclutamiento.

Del plancton al necton, y a veces luego al bentos, a los organismos postrados en el lodo del fondo, entre los mantos algales.

Mientras alcancen las fuerzas, uno quisiera levantarse del bentos y regresar al necton, incluso sabiendo que el abismo sigue allí.

Necton de tierra

Elija su gasolinera

Por Juan Jacobo Schmitter

Hay un elemento de la propaganda soviética que me resultaba, me resulta aún, particularmente atractivo: la planificación económica.

Lo más caro de una galleta, por ejemplo, es el empaque, la publicidad, la mercadotecnia, la estrategia para vencer a los competidores que están haciendo la misma galleta, la lucha por convencer a los consumidores de que mi galleta, aunque en el fondo sea la misma que la de otros fabricantes, es mejor que la de ellos.

¿No es más sensato evitar esa competencia, invertir ese dineral en analizar cómo hacer las galletas más nutritivas, cuántas deben producirse y dónde deben venderse para que estén al alcance de todos? Me parecía, me parece aún, una cosa de elemental sentido común y humano.

(O bien, ¿no es estúpido que se transmita el mismo partido de futbol en Televisa y en TV Azteca? ¿La libre competencia consiste en poder escoger quién es más insoportable, si el Perro Bermúdez o los otros?)

Empero, el resultado, nos dice la historia, es que el monopolio estatal de la fabricación de galletas produce galletas espantosas y mal distribuidas, tal vez por la falta del estímulo de la competencia, tal vez por simple burocracia.

Sea. Supongamos, sin conceder, que necesitamos la libre empresa capitalista para  poder tener a la mano galletas más sabrosas; que la creatividad es mejor que la planificación, en este caso. Pero, ¿y qué tal si no se trata de galletas?

Por ejemplo, los combustibles, asunto por demás estratégico. De ellos depende no sólo el transporte de galletas, sino de todo.

Como parte de una estrategia de estado, justamente, la gasolina y el diesel tienen en México precios planificados, y (todavía) tenemos una empresa estatal responsable de su distribución. Sin embargo, de unos sexenios neoliberales para acá tenemos también el fenómeno de la concesión de las gasolineras.

Puede entenderse que el Estado conceda a un particular la responsabilidad de la venta final de gasolinas al consumidor, pero es incomprensible que no haya un mínimo elemento de planeación detrás.

Aterrizo en el ejemplo de Chetumal: ¿cómo puede aceptarse que se concedan en unos cuantos meses (los últimos del sexenio, por cierto), una docena de gasolineras, algunas a pocos metros de la más cercana? ¿Qué sentido tiene multiplicar el riesgo? ¿Qué necesidad social se atiende? ¿Qué creatividad empresarial se incentiva? ¿Por qué no se escucha a los vecinos que se manifiestan en contra?

Una de las gasolineras nuevas está junto a una plaza comercial y en contraesquina de un hospital. Una verdadera bomba de tiempo. Una verdadera irresponsabilidad, potencialmente criminal.

El gobernador González Canto se ha distinguido antes por su anticomunismo (ver su reacción ante el ofrecimiento de Chávez de operaciones gratis contra cataratas, y el de Castro de enviar alfabetizadores cubanos a Quintana Roo: https://hormega.wordpress.com/2009/01/06/necton-de-tierra-3/). ¿Pero realmente se defiende la libre empresa repartiendo concesiones gasolineras de fin de sexenio a los herederos de Mouriño?

Necton de tierra

Alia mondo eblas

Por Juan Jacobo Schmitter

El Foro Social Mundial (FSM) habla en esperanto:

http://www.forumsocialmundial.org.br/noticias_01.php?cd_news=2808&cd_language=1  

No es para sorprenderse tanto. El esperanto es una alternativa no-imperialista al inglés como lengua internacional, una opción democrática, neutral… y probablemente utópica. No hay tal lugar donde se hable esperanto oficialmente, salvo algunos cientos de reuniones por año con unos pocos cientos de participantes.

No hay tal mundo, pero ese otro mundo sería perfectamente posible. No conozco modelo matemático alguno al respecto, pero dada la sencillez del esperanto, en términos estrictamente prácticos, no políticos, podría ser una meta más accesible la implantación del esperanto como idioma mundial que la imposición del inglés a aquella fracción del planeta (nada pequeña) que todavía no lo habla.

Por lo demás, el FSM del año 2011 será en Dakar, Senegal, en el corazón de la antigua África Occidental Francesa. Todos mis amigos africanos son políglotas: francés, inglés, y dos o tres idiomas autóctonos. África sería terreno fértil para el esperantismo, de no ser porque no hay dinero para libros, computadoras o envío de cartas a corresponsales extranjeros.

Aunque hay esperantistas aislados en casi todos los países del continente, hay un movimiento apreciable sólo en Togo, Benin, Madagascar, Costa de Marfil y alguna otra nación. Togolés es, precisamente, uno de los escritores jóvenes más sonados en esperanto, Gbeglo Koffi. Edwin de Kock es un poeta célebre, de los más viejos, pero como era un sudafricano blanco, uno tiende a no enumerarlo dentro de la negritud esperantista.

Volviendo al FSM y el movimiento altermundista en general, me recuerda al esperantismo también en eso: no veo que realmente se mueva hacia un rumbo definido. No es que sienta nostalgia por los días en que Moscú dictaba el rumbo del comunismo mundial (qué dolor, que ese eslogan macarthista fuera cierto), pero son terriblemente variopintos los participantes en los FSM. Muy a menudo sus vectores llevan trayectorias que se contradicen entre sí.

Pero la diversidad es la base de la evolución, y eso vale en biología igual que en política. Es en el seno del FSM que han confluido, por ejemplo, ecologismo y socialismo en una nebulosa pero necesaria idea nueva, el ecosocialismo, tan distanciado del capitalismo depredador como del estalinismo que devastó mediante minas de carbón a cielo abierto el paisaje de la antigua Checoslovaquia.

Contradictorios, utópicos, a veces vandálicos, los FSM son imprescindibles. También, en grado menor, el esperanto, aunque probablemente la humanidad no llegue a darse cuenta cabal jamás.

Foro Social Mundial

Necton de tierra

Don’t mess with Yucatan

Por Juan Jacobo Schmitter

Tres veces negó Yucatán a México (dos en 1840 y una en 1846, aunque Wikipedia hace durar a la llamada República de Yucatán de 1841 a 1848), y las tres veces hubo un motivo (superficialmente) válido: excesivo centralismo, oposición a las aberraciones de Santa Anna.

El mismo motivo (superficial, o al menos pasajero) de Texas. Para Texas, el motivo de fondo era el deseo de los colonos gringos de anexarse a Estados Unidos. Y la bandera de estas efímeras repúblicas se parece, ¿casualmente? (ver abajo).

En Yucatán no había una inmigración anglosajona comparable. Sin embargo, en el punto álgido de la denominada Guerra de Castas, cuando los ejércitos mayas de Jacinto Pat y Cecilio Chi eran casi totalmente dueños de la península y estaban a punto de tomar Mérida, el gobernador lanzó un desesperado llamado de auxilio… a los Estados Unidos.

Una copia de la carta se exhibe en el Museo de la Guerra de Castas en Tihosuco, Quintana Roo. El gobernante de los yucatecos blancos, Santiago Méndez, ofreció la soberanía de Yucatán a los Estados Unidos a cambio del inmenso favor del envío de tropas yanquis para sofocar la rebelión indígena y salvar la civilización cristiana.

Efectivamente, llegaron casi mil soldados del país del norte, no todos los cuales sobrevivieron a los fusiles ingleses que los mayas contrabandeaban por Belice, entonces la Honduras británica.

El yucatequista redactor anónimo de Wikipedia (sí, ya sé que alguien debería enmendarle la plana, o al menos balanceársela) dice que la negociación de la soberanía de la Hermana República sí fue a cambio de apoyo militar, pero de México, no de Estados Unidos. Lo insto a visitar el museo en Tihosuco y ver la carta del presidente yucateco Santiago Méndez: literalmente, suplica la anexión a Estados Unidos.

El propio Méndez invitó también a Tabasco a separarse de México y unirse a la hermana república yucatanense, invitación que acabó por ser rechazada.

(Sigue Wikipedia: podría hablarse de un cuarto momento independiente para Yucatán, porque su unión a México no ocurrió en 1821, sino hasta el 23 de diciembre de 1823, pero no fue propiamente una separacion, sino al contrario: una integración de lo que estaba separado. Sin embargo, el mismo artículo reconoce que Yucatán reconoció el iturbidista Plan de Iguala y se incorporó al Imperio Mexicano todavía en 1821.)

Otro dato histórico interesantísimo para el paralelismo Yucatán-Texas: el primer vicepresidente de la República de Texas fue Lorenzo de Zavala, yucateco de nacimiento.

En pleno periodo independiente de los texanos, en vísperas de la Intervención Norteamericana, el 16 de marzo de 1841, en el Ayuntamiento de Mérida fue arriada la bandera de México y en su lugar izada la bandera de Yucatán, probablemente por única vez.

Aunque mexicano, no soy patriotero. Respetaría la bandera yucateca si ésta simbolizara una genuina reivindicación de justicia. Pero no es así. La bandera de Yucatán fue el pendón de la casta divina, de los yucatecos blancos, aterrorizados por los indios bárbaros; fue una bandera burguesa y racista, con vocación transitoria y aspiración pro-yanqui, como la de Texas.

Menos triste es imaginar, historia-ficción, que Pat y Chi hubieran tomado Mérida y luego los ejércitos mayas hubieran resistido los embates de los soldados porfiristas. Tendríamos hoy quizá la única república de habla indígena en América, salvo el bilingüe Paraguay. Y su bandera no hubiera sido de barras y estrellas.

Necton de tierra

Savater, Aute y la indefendible tauromaquia

Por Juan Jacobo Schmitter

Antiética para Odiador. Para el filósofo español Fernando Savater, alguna vez tomado en México como gurú de la materia de Ética, los animales no sufren.

Lo dice a propósito de los argumentos con los cuales se logró prohibir la tauromaquia en Cataluña: los cientos de miles de catalanes que apoyaron la iniciativa finalmente aprobada por sus parlamentarios se pronunciaron en contra de la crueldad hacia los animales. ¿Cuál crueldad?, pregunta Savater. La crueldad supone infligir sufrimiento, y los toros no pueden sufrir. Desde luego, les duelen banderillas y estocadas, pero eso es dolor, no sufrimiento; el sufrimiento, dice el inefable filósofo, es una categoría humana. Los animales no sufren. Punto.

A mí no me duele ni me hace sufrir la estolidez filosófica de Savater; recuerdo de él algunas posiciones políticas francamente lamentables, de modo que no me sorprende esta opinión suya.

En cambio, la postura estridente del poeta y músico Luis Eduardo Aute sí me dolió. No la esperaba en un autor de canciones de tan amoroso y tierno erotismo. Me dolió menos ver al entrañable Sabina departiendo con el espurio Calderón.

Para Aute, la decisión catalana implica prohibir una tradición cultural. La lidia de toros, dice Aute, “es un rito en el cual la vida, la muerte, el miedo y el placer coinciden, se representan”, y tal vez piensa en Ernest Hemingway, quien decía que la tauromaquia es “el único arte de peligro”.

Otros opositores a la proscripción de la barbarie taurina argumentan que se prohíbe la cultura. Pero también cortarles el clítoris a las niñas es parte de la cultura en algunas regiones del África. La etiqueta “cultura” no es pasaporte a la eterna impunidad.

Es manido asimismo señalar que hasta el pollo rostizado que comeremos hoy es producto de un proceso cruel, tal vez incluso más cruel que la fiesta brava. Es cierto, pero la existencia de otras crueldades cotidianas no le resta atrocidad a la lidia de toros. Ese argumento me recuerda a Calderón señalando que los 28,000 muertos en su guerra contra el narco son poco en comparación con la violencia de otros países, incluso si son mucho más que los muertos en Afganistán.

Un ganadero filósofo observó también: así como el pollo y el cerdo se crían para ser comidos, el toro de lidia nace para ser toreado. Se le cría, casi se diría que se le entrena toda su vida, para esa gloriosa batalla final en el ruedo. Pollos, cerdos y toros no son animales naturales ni tampoco personajes de Disney. Cierto nuevamente, pero nuevamente habría que responder que es posible y deseable reducir el sufrimiento inevitable de los animales de granja, y mucho más sencillo es abolir del todo el sufrimiento innecesario de los toros de lidia.

Incluso con el apoyo de cerebros brillantes como el de Savater, corazones poéticos como el de Aute y bolsillos sin adjetivos como el del ganadero filósofo, la tauromaquia parece ir rumbo al desván de la historia. Así sea, en abono de la escasa humanidad de la Humanidad.