Diálogo de luz y ramas suplicantes

Diálogo de luz y ramas suplicantes, Foto: Juan Pablo Picazo | La hormega

Diálogo de luz y ramas suplicantes, Foto: Juan Pablo Picazo | La hormega

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Otro mundo

Mudanza en ciernes

Juan Pablo Picazo

Monumentos más,
calles menos,
el mundo es cada día
menos habitable.

Ellos miran al espacio,
buscan en los cielos
nueva casa
qué contaminar.

Levantarán
de la nada
esotros paraísos
con que sueñan,
prometerán:
esta vez
no devorarán
a la belleza.

Llevarán
empero
los monstruos
que habitan sus ideas,
y poco a poco
como someras excepciones,
los liberarán
para depredar
y deglutir
lo que intocable
conservaban.

Mirarán de nuevo al cielo,
lloro porque yo soy ellos.Lh

Otro mundo

El árbol y el testigo

Por Juan Pablo Picazo

A veces el testigo
separa el ojo de un árbol
para ver
todos los bosques.

Medra el leño vivo
y se desata,
el rabillo del ojo
lo observa
y le deja ser.

Para cuando el ojo
vuelve al árbol
hállase un imperio
que asfixiara el bosque.

Y sentida la mirada
pide más espacio,
anuncia impustos y aranceles,
denuncia
imposiciones
y se ensancha,
mártir adusto de la fe.

Diálogo reputa ofensa
y parte,
las raíces danzan
buscando buena tierra:
habrá otro bosque.

Otro mundo

Ellos

Por Juan Pablo Picazo

Lo dije,
pero nadie escucha.

Lo escribí,
pero no fui
siquiera leído.

Luego
les quemé los barcos,
les cosí las piras en los ojos
y ni esa alta iluminación
pudo llenarles la conciencia.

Desde que vine,
los hombres y mujeres
solo miran mi ojo ciego,
demandan mi obediencia,
me condicionan
los medios
para subsistir,
y a veces
me encuentran gracioso.

Me sepultan
con sus demandas de impuestos,
con sus despidos,
con la oscura exigencia
de títulos, permisos,
firmas
y la huella digital
en los relojes checadores.

Pero no,
no saben
que hay muchos tiempos:
que existen concomitantes,
incontables hebras
donde otros como ellos
y otros como yo
han comprendido
y depuesto todas las necedades.

Cuando me vaya
seguirán sembrando dinero
y cosechando muerte,
adorando su diosa del consumo
y dividiendo al mundo en marcas,
mientras practican
lúdicos
su feliz deporte
de envenenarse
los unos a los otros.

Yo lector

Verne, el profeta que hemos olvidado

Por Juan Pablo Picazo

Pierre Jules Hetzel, editor afamado por su olfato para los buenos libros, escribió en 1863 a uno de sus autores más importantes: “Así fuera usted profeta, nadie creería hoy en su profecía…” luego de que el autor le ofrecía un nuevo manuscrito para su publicación. En dicho libro, Julio Verne, tal era su nombre, auguraba que la economía y las llamadas ciencias exactas gobernarían el mundo en el siglo que se avecinaba entonces.

El libro, que se titula París en el siglo XX,1 nunca fue publicado sino hasta 1994, y en él se perfilaba un mundo dominado por la ciencia, la tecnología y el dinero, a despecho de un humanismo en vías de extinción. Era, pues, un mundo donde ser poeta se castigaba con el deprecio social, el hambre y, a la larga, la muerte.

En este siglo XXI -que no deja aún de parecerse al XX-, cuando los millones de no-economistas que habitamos la tierra usamos cotidianamente palabras como inflación, ahorro, liquidez, capital, riesgo, costo y muchas otras semejantes; cuando la hoy llamada tecnología de frontera nos asombra y nos asusta; cuando la ciencia se acerca incluso a la posibilidad de predecir las enfermedades vía genética, vale la pena preguntarse si Verne estaba equivocado.

En su libro Amar en el extranjero, un ensayo sobre la seducción de la economía en las sociedades modernas2, Gerardo de la Fuente Lora, quien naciera en México en 1960, se hace esa misma pregunta pero desde la perspectiva que ofrece la filosofía, y explica cómo el ser humano creó la economía y ha llegado a adorarla al grado de permitirle que lo destierre del mundo tomando el control de todo lo que la civilización ha construido.

Hoy, en el contexto de la “convalecencia” de la que quizá fue la más desastrosa crisis financiera de la historia, de acuerdo con el libro de Gerardo de la Fuente la economía se ha enseñoreado de casi todo y hasta los políticos han renunciado a domeñarla porque sus asesores les recomiendan sujetar sus actos y decisiones a lo que las condiciones del mercado dispongan, con el resultado que ahora experimentamos.

Gerardo de la Fuente Lora es doctor en filosofía y ha sido ganador de la medalla Alfonso Caso en 1998, ha coordinado la licenciatura en filosofía de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y ha sido investigador del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM). En su extenso ensayo -309 páginas- la economía se da a la tarea de cautivar a los seres humanos con sus múltiples misterios, su intrincada terminología -sólo entregada del todo, pese a lo que conocemos de ella, a los iluminados, a quienes solemos llamar economistas- y, por supuesto, su magia rectora, que hoy construye imperios transnacionales y devasta naciones.

La seducción de la economía, dice el autor, se logra merced a complejos sistemas filosóficos, nacidos de un entreverado amasijo de verdades e ilusiones, tal y como hacen las religiones. Decir hoy que el hombre es un animal político, un animal religioso, un animal poético o una animal social, ya no parece encajar del todo en nuestra realidad. El homo economicus domina la tierra o…, más bien, la habita al amparo de la economía. ¿Hasta dónde puede llegar el dominio de la economía en el andar del tiempo?

En el libro de Julio Verne, el último poeta de la tierra, Michel Jeròme Dufrènoy, vive horas de indecible angustia cuando desempleado, despreciado y arrojado al olvido agota su última ración de pan de carbón o pan de los pobres durante un invierno particularmente desolador. Ya antes se había dado el siguiente diálogo entre él y un par más que quedaban de su misma especie:

Mi querido Jacques ―dijo Quinnsonas―, presentándote a Michel Dufrénoy he querido que conocieras a un joven amigo que es de los nuestros, uno de esos pobres diablos a los que la sociedad niega el empleo de sus facultades, una de esas bocas inútiles a las que se echa el candado para no tener que alimentarlas.

¡Ah, entonces el Señor Dufrénoy es un soñador! ―observó Jacques.

¡Un poeta, amigo mío! ¡Y yo te pregunto ¿qué ha venido a hacer a este mundo, donde el primer deber de todo hombre es ganar dinero?!

Evidentemente ―prosiguió Jacques― se ha equivocado de planeta3.

Hasta el día de hoy, la filosofía, las letras y las humanidades caben en el mundo a pesar del desalojo del hombre y la entronización del dinero. Mientras tanto, la economía es una diosa en torno a la cual diversos grupos ensayan su interpretación de la verdad divina, del mismo modo que hacen las decenas de denominaciones judeocristianas de las mismas escrituras.

1 Verne, Julio, París en el siglo XX, Planeta, México, 1995, pp. 228
2 De la Fuente Lora, Gerardo, Amar en el extranjero, un ensayo sobre la seducción de la economía en las sociedades modernas, Media comunicación, pp. 309
3 Verne, Julio, Op. Cit. p. 92-93.