Serendipia 2019

¡Zapata vive! coreó el público en Palacio de Bellas Artes

Agrupaciones artísticas del INBAL en una inédita conjunción presentaron el espectáculo multidisciplinario ZAPATA100 en el que se conjugó el teatro, la danza, la música y el canto
Zapata vive en el imaginario popular, en la ideología revolucionaria; en los anhelos de paz, justicia, tierra y libertad, como en las expresiones de la danza, la música, el teatro, el canto, la literatura y las artes visuales, en las manifestaciones artísticas de las y los mexicanos, como quedó demostrado en el espectáculo multidisciplinario ZAPATA100 que presentaron en el Palacio de Bellas Artes los grupos artísticos del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), que concluyó con una larga ovación y con una certeza expresada espontáneamente, a coro, por el público: “¡Zapata vive!, ¡Zapata vive!, ¡Zapata vive!”.

Este sábado 23 de noviembre, el Palacio de Bellas Artes se vio pleno al recibir a un público expectante que se dio cita para atestiguar ZAPATA100, la puesta multidisciplinaria con la cual la Secretaría de Cultura y el INBAL conmemoraron el centenario luctuoso del Caudillo del Sur, Emiliano Zapata, en la que participaron más de 150 artistas en escena, bajo la dirección concertadora de Ludwig Carrasco y con dirección artística de Enrique Singer.

En el escenario del máximo recinto cultural del país, por primera vez en décadas, las agrupaciones del Instituto conjuntaron talentos en un mismo proyecto artístico: las y los integrantes de la Compañía Nacional de Teatro, la Compañía Nacional de Danza, la Orquesta del Teatro de Bellas Artes y los grupos Solistas Ensamble y Coro de Madrigalistas de Bellas Artes, además de cantantes solistas, celebrar el Año de Zapata y mostrar cómo la figura del caudillo morelense ha permeado el quehacer artístico del país.

La magistral ejecución de las obras por la Orquesta del Teatro de Bellas Artes (OTBA) fue parte fundamental en la inédita estructura artística lograda en ZAPATA100.

La memorable noche de “la revolución de las artes” comenzó con algunos fragmentos de la obra Las mujeres de Miliano, de la dramaturga y directora yucateca Conchi León, a cargo de las actrices Gabriela Núñez y Azalia Ortiz, integrantes del elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro, fragmentos que se intercalaron a lo largo de toda la función y que abordaron la relación de Zapata con la mujer.

Acompañadas por la música en vivo de Edwin Tovar, Gabriela Núñez y Azalia Ortiz, dieron voz, a través de la realidad y la ficción, a mujeres en torno de Zapata: su madre, la partera que lo trajo al mundo, su hermana y a la muerte misma, porque “en estos tiempos, no hay nada más revolucionario que respetar a la mujer”, dijo la dramatuga Conchi León, quien dirigió la escenificación.

Del teatro se pasó al canto, toda vez que los grupos Solistas Ensamble y Coro de Madrigalistas, acompañados por la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, bajo la dirección de Ludwig Carrasco, interpretaron fragmentos de la cantata-ballet Recuerdo a Emiliano Zapata, obra poco conocida del compositor Carlos Jiménez Mabarak.

El gran coro de más de 50 voces, dirigido por Salvador Guízar, interpretó en el escenario la vida cotidiana de una familia en el contexto de la Revolución Mexicana que remitió al espíritu de lo popular e indígena, a la celebración de las fiestas tradicionales y al lamento por la muerte de Zapata, como también a la esperanza, a la lucha por la tierra y la libertad. Participaron como solistas la soprano Violeta Dávalos, el tenor Ángel Ruz y el barítono Gilberto Jehú Sánchez, aportación de la Coordinación Nacional de Música y Ópera del INBAL.

El silencio de las campanas fue el fragmento de Las mujeres de Zapata que se interpretó antes de la presentación estelar de la mítica obra coreográfica de Guillermo Arriaga, Zapata, largamente anunciada desde principios de año como la vuelta al escenario de la obra que marcó nuevos rumbos para la danza mexicana, acompañada de la música original de Tierra de temporal, de José Pablo Moncayo.

Los bailarines de la Compañía Nacional de Danza: Sonia Jiménez y Fausto Serrano, hicieron una dramática y emotiva escenificación de la obra, despertando la imaginación del público en una clara alegoría de la tierra-madre, de la libertad, la justicia, la revolución y el sacrificio del ser humano.

La obra –habrá que recordar– se estrenó en 1953 en Bucarest, Rumania, y ese mismo año en México, en el Teatro Juárez de Guanajuato y en el Palacio de Bellas Artes. La pieza despertó la emoción –y algunas lágrimas del público–, participación que coordinaron los titulares de la CND, Cuauhtémoc Nájera y Elisa Carrillo.

Otros fragmentos de Las mujeres de Zapata escenificadas esta noche fueron La parte que le corresponde y La piedra encimada, en las que distintas mujeres recuerdan a Zapata, toman su ideología y “hacen su propia revolución”.

Cerró con broche de oro la celebración ZAPATA100 con la puesta en escena de la coreografía Miliano, de Irina Marcano, acompañada de la música del compositor Arturo Márquez, La leyenda de Miliano.

La Compañía Nacional de Danza hizo aquí una demostración del dominio de las técnicas, pues se trató de una combinación de danza clásica con danza contemporánea en la que cerca de 30 bailarines recurrieron, además, a una inusitada expresión corporal para referirse a la psicología y a la lucha de las comunidades para obtener su libertad, con abiertas referencias a expresiones tradicionales, como la Danza de los chinelos, de Morelos, entidad natal de Emiliano Zapata.

Durante 90 minutos, la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes vibró con el despliegue estético y creativo de más de 150 artistas, tanto en el escenario, como en el foso de la orquesta, que hicieron del centenario luctuoso de Emliano Zapata una conmemoración emotiva y conmovedora en cada uno de sus pasajes que recordó y revaloró, a partir de distintas miradas artísticas, la vida y obra del Caudillo del Sur, al tiempo que levantó una certeza al final de la noche, expresada al unísono por el público que coreó: “¡Zapata vive!, ¡Zapata vive!, ¡Zapata vive!” y concluyó: “¡Viva Emiliano Zapata!”.

El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura inaugurará además, este martes 26 de noviembre, Zapata después de Zapata con unas 140 obras, exposición única que recuerda al líder de la Revolución Mexicana en el Museo del Palacio de Bellas Artes.

También en el Museo Nacional de la Estampa (Munae) fue exhibida, hasta el 3 de noviembre pasado, la exposición Zapata vivo a través de la gráfica contemporánea, un acercamiento a la producción de nuevos exponentes del grabado, en diálogo con creadores de la primera y segunda mitad del siglo XX y que conjuntó 100 obras gráficas.

Así, la Secretaría de Cultura, a través del INBAL, se sumó en este 2019 al Homenaje Nacional al emblemático Caudillo del Sur, para recordar su centenario luctuoso.

Pepe Iturriaga en El Ojo de la Mosca | Cinthia Chávez

Zapata, único revolucionario verdadero: Iturriaga

“Para mí la verdad es que Zapata fue el único revolucionario verdadero que tuvo México.” Afirmó José Iturriaga de la Fuente durante su participación este lunes 11 de noviembre de 2019 en el programa El ojo de la Mosca del Instituto Morelense de Radio y Televisión. Y añadió: — Si es que revolucionario quiere decir tratar de reformar el edificio social desde sus cimientos, trastocarlo por completo y sin buscar beneficios personales.

Lo anterior al ser entrevistado por Juan Pablo Picazo en torno a su participación en el Seminario de estudios Zapatistas 1919- 2019 en memoria del General Emiliano Zapata Salazar, con la charla denominada Zapata en miradas forasteras. 75 extranjeros de 19 países con la cual se cierran las actividades de este seminario, que se presenta este martes 12 de noviembre a las 11:00 horas en el auditorio Emiliano Zapata de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM).

Agregó que el resto de los próceres de la revolución mexicana, aun sin regatear sus méritos históricos, carecieron de esas características; y como ejemplo cita a Madero, Carranza y villa, cuyos méritos, si bien no son menores, tampoco fueron más allá; baste recordar que madero conservó mucho del aparato porfirista, Carranza robó algunas banderas zapatistas y orquestó la emboscada a Zapata, mientras que Villa, pese a su arraigo popular, carecía de una dirección ideológica; no que él mismo fuera un ideólogo, pero supo rodearse de gente que le apoyó con ello.

José Iturriaga de la Fuente es ensayista, narrador y periodista. Estudió Historia en la UIA y Economía en la UNAM. Maestro y doctor en Historia por el CIDHEM. Fue Director General de Culturas Populares en CONACULTA, donde implementó el Programa Nacional de Biodiversidad y Cultura Popular. Editor y director de la colección de Recetarios Indígenas y Populares de México y de Recetarios Antiguos de México.

Nacido en la Ciudad de México en 1946 y avecindado en Cuernavaca desde hace varios años, José Iturriaga ha investigado mucho en torno a la mirada del extranjero acerca de México y sus personajes, ha trabajado en torno a los rituales del México antiguo, y ha desarrollado una obra histórica que llama a la reflexión y a la resignificación de los hechos, pues uno de sus preceptos se funda en la necesidad de romper con viejos mitos, de esos que no son privativos de la historia de México, explicó, sino que los encontramos en la historia de cualquier país.

De acuerdo con el Catálogo biobibliográfico de la literatura en México, Iturriaga de la Fuente también fue profesor de arte colonial mexicano y de historia general de las artes plásticas en la UAEMex (1966-1971). Consultor de la FAO (en materia de reservas reguladoras alimenticias) y de la UNESCO. Ha colaborado para la revista mensual México Desconocido. Ha participado en numerosos programas de radio y televisión sobre temas históricos y culinarios. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario Malcolm Lowry 1988 por Anecdotario de forasteros en México siglos XVI-XXI, y el Premio José C. Valadés 2008 por sus ensayos históricos.

Otro mundo

Tlahtli

Juan Pablo Picazo

La semilla fue tuya, indiscutible:
Se sabe empero
que sacrificaste la parcela
con las ígneas
tormentas de tu ira,
o con prístinas heladas
de abandono.

No soy,
no puedo ser tu juez, cierto.

Se sabe,
sin embargo,
que los martillos del pecho
cimarrones son
como tú mismo fuiste
desde el tiempo
y hasta el tiempo.

He llegado
hasta el maltrecho árbol
que mis frutos da,
y excavando en su raíz
amargas, indistintas savias
y turbias sierpes
no me dan razón
ni sentimiento.

Cansancio / Cortesía de Pixabay La hormega

Noctívago

Lassitudinem

Juan Pablo Picazo

Antes que el sol nazca
me miro en pie
y empujando la gran roca.

Nadie me obliga:
no hay látigos,
sólo esas palabras-aguijón
que llaman a superarse,
a ser mejor que uno mismo cada día.

En las otras cuestas
los demás hacen lo mismo,
muy jóvenes,
apenas niños,
penosos ancianos
cuyas moles
se mueven apenas de su sitio.

Los hombres y mujeres
que escupen las palabras-aguijón,
pasean sus joyas
entre nosotros,
“Seás como yo”, susurran
y se marchan a otra cuesta
para repetir
sus consejas venenosas.

Llanto, empapadas ropas,
heridas sangrantes
que compraron promesas
cuando la noche viene
y la piedra
ha vuelto a caer.

No importa,
me digo como ellos,
mañana será el día que lo logre,
cada día estoy más cerca,
pero las canas ya se extienden
y comienzan las fuerzas
a perderse entre uno y otro impulso.

Una débil voz
dice: “Despierta,
tu tiempo ha terminado”.