Lluvia pixabay La hormega

Otro mundo

Mundi tempus pluviæ

Juan Pablo Picazo

 

Ebrio de lluvias
me ha nombrado el sol
padrino de sus muertos.

Por salir de casa
hice catwalk sobre la barda,
pues lago abajo
calle cotidiana ya no estaba.

Niebla crecida,
lagartos de vitrofibra
me persiguen
y me invitan
a sus cálidas barrigas.

Así, en digestión,
soy viajero
luego olvido.

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Foto: Pixabay

Noctívago

Inflamable

Juan Pablo Picazo

Perdido igual que siempre
busco portar
las antorchas
mismas
que regalan a otros
para iluminarse.

Y les veo flagrantes,
paso marcial y legajos de excelencia
andando entre vallas
de humanos postrados.

Pero siempre
estoy muy lejos de los pebeteros,
mando mis murciélagos
con los mensajes
y sólo aporto combustible
para las llamas que darán a otros.

Y recorro mis oscuros lares
con esta constante,
débil luz que dan mis venas,
en la invisibilidad,
inaudito,
inviable,
pero a voluntad inmarcesible.

Noctívago

Amissa verborum

Juan Pablo Picazo

No sé como
pero he perdido
todas las palabras.

Todas.
No las hay en libros
se han marchado de mis cuadernos,
y no acuden a mis labios.

Mis versos se retuercen
como descarriados hijos
que han dilapidado
su voz, su fortuna,
y empeñaron
castillos,
lunas,
heredadas
sombras.

No las tomaría prestadas
porque el calor
y las lluvias de las montañas,
no barruntan
vientos en la playa.

Lo siento,
quise escribir
para mantenerles
vivo el mundo,
pero olvidé las llaves,
me sequé la lengua rota,
y ya no tengo
palabras que brindarles.

Verdad desnuda kowtow /Pixabay

Noctívago

Nudus verum

Juan Pablo Picazo

Nunca estuvo viva
la que todos dicen buscan,
se la nombra dulce,
se le sabe amarga,
y se jacta denuda
por el pasillo de los necios.

Camina descalza,
mientras lobos tristes
y flamígeras corderas,
la violentan
contra las estanterías
en donde acumulan
sus honores y sus libros.

Gordos, caníbales pastores
la repasan ciegos con su lengua,
sordos jueces en oferta
la buscan maquillaje en mano,
por venderla al mejor lingote.

Y ella sigue ahí,
se sabe omnipresente,
divina, laica,
absoluta y sola,
como una luenga ficción
que no resiste más.

Yo, lector

La todopoderosa
fragilidad de las palabras

…las palabras son el cuerpo de Dios,
el cielo es su lenguaje
y las nubes, sus versos.
Ethel Krauze
De El ojo del silencio

Juan Pablo Picazo

I. El escalpelo y la mirada

Las palabras, como la vida, poseen esa fragilidad que se nos olvida, que consideramos todopoderosa a veces, y eterna siempre en el modo descuidado con el que vamos por ahí un día sí, y otro también, creyendo ser el centro del universo, al menos del nuestro, perdiendo de vista que ante la magnitud del cosmos, nÁngeles Manzano Añorveuestra importancia es la misma que la de cualquier otra humilde criatura del universo.

Este ha sido el primer pensamiento que me ha pasado por la mente cuando por invitación de Ángeles Manzano, me he internado en la obra de Ethel Krauze montado en el agudo pero gentil escalpelo que utiliza para moverse en los intersticios de esas palabras sólidas, lúcidas, y fuertes, en sus significaciones y alcances, pero ejercidas puntualmente con esa misma humilde fragilidad que la vida tiene.

Los ensayos que componen la obra de Ángeles Manzano constituyen a un tiempo, una guía de acceso a una obra que ofrece múltiples lecturas, y un análisis que parte del universo personal de Ethel Krauze pero que se catapulta a la reflexión en torno al acto creativo per se, a la reflexión de género, a los problemas de nuestra sociedad convulsa, y por supuesto, al necesario contagio que una voz poética imprime entre quienes disfrutan su lectura.

Y no por gentil, el escalpelo analítico del que ya les hablaba, es menos preciso. Hay un trabajo detallado y sistemático que trasciende lo que T.S. Elliot denominaba “crítica impresionista”, y tomando las herramientas que ofrece la academia, entrega tres ensayos de los que pueden abrevar con plena confianza y buen entendimiento, lo mismo el especialista, que el lector promedio cuyo cometido sea lograr un acercamiento de mayor profundidad a la obra de Ethel Krauze.

II. Mirada de mujer a fondo

Hay más sin embargo, este abordaje de la obra de Ethel Krauze, nos devela estilos, progresiones, manejo de géneros, y nos acerca a sus motivaciones, sus técnicas y sobre todo al retrato hablado en voz de la propia autora analizada, que es a su vez, revelador de las necesidades estéticas de Ángeles Manzano, de sus búsquedas literarias, de su identificación como profesional de la academia y de la palabra, y revela también algunos otros detalles que quizá no a fondo, pero la perfilan.

No digo que siempre, no digo que sea ley general o natural, pero yo, que he sido criado por mujeres, he observado que casi en cualquier ámbito donde dos de ellas que no se conocen se encuentran de manera efímera, se hacen una rápida evaluación, una suerte de escaneo con la mirada, que les basta para saber mucho de la otra, o al menos eso parece cuando uno escucha luego el comentario que resume un pensamiento acaso más complejo.

Más allá de ello, la mirada de una mujer a fondo sobre la obra de otra, es siempre interesante; y en este caso lo es mucho más porque intervienen ingredientes varios como los marcos teóricos y la complicidad del oficio, el rigor metodológico y la admiración, y un abordaje académico aderezado por las virtudes del olfato periodístico que la autora muestra.

III. El diálogo transaccional

El trabajo de Ángeles Manzano Añorve, aunque expresado mediante el vasto, dúctil y versátil género del ensayo, proviene de una forma de sabiduría que se cuenta entre las más antiguas de nuestra cultura: el diálogo, la mayéutica, pues las entrevistas también presentes en el libro, son un lujo desbordante en términos del descubrimiento de la artista cuya obra se analiza; son si bien materiales de base, también lo son de consulta y reflexión en torno a Ethel Krauze y su vasto trabajo literario, por cuanto abonan a la comprensión de su personalísima visión en torno al oficio de escribir.

De tal obra, tal análisis, podríamos decir. Hay libros que sólo dicen lo que se lee y no puede se puede bucear más a fondo en ellos, ni escalar, ni ahondar en laberintos. Este no es el caso, y la escritora-académica nos lo muestra al llamar nuestra atención en el aspecto atávico, telúrico casi, de la obra de Ethel Krauze mediante cuya voz se celebra a sí misma como lo hacía Whitman, atestigua su mundo, a la usanza del realismo, y trasciende lo inmediato con hilos tan antiguos que van desde los albores del mundo, hasta más allá de nuestra personal fecha de caducidad, ahí la muestra, entre los textos escogidos a propósito de otros tópicos:

Quiero recuperar a la loba que habita en mí:
afilar mis garras,
lamerme la pelambre,
desenrollar la cola
que ha permanecido guardada tanto tiempo

De acuerdo con la teoría transaccional de Louise Marie Rosenblatt, el lector aporta a la obra su propia experiencia y subjetividad al apropiársela mediante la comprensión, y pergeñándola de sí, para después entregarla a los demás mediante su glosa, si nuestra percepción es limitada, la obra leída no dará todas sus luces, o seremos ciegos a ellas; sin embargo, si sabemos caminar en el corpus de una obra como quien tiene años de vivir en ella, o posee sus mapas, entraremos en todas sus estancias.

Así, en esta exégesis hay un summum de diálogos: el que se da entre una lectora experimentada y la autora de la obra, entre la académica y la escritora, y entre tallerista y talleranda. Todos ellos —acaso muchos más en ellos contenidos— se yuxtaponen para formar un mosaico armónico que mapea temas, géneros, fuerzas, contextos, biografía, obra, y demás, sin imponernos una sola lectura, pues el resultado es un andamiaje donde satisfacer nuestra sed de asombro, sin encorsetarnos en una sola mirada posible, sino mostrándonos en cambio, un prisma en el cual podemos solazarnos a pleno gusto.