Otro mundo

Tlahtli

Juan Pablo Picazo

La semilla fue tuya, indiscutible:
Se sabe empero
que sacrificaste la parcela
con las ígneas
tormentas de tu ira,
o con prístinas heladas
de abandono.

No soy,
no puedo ser tu juez, cierto.

Se sabe,
sin embargo,
que los martillos del pecho
cimarrones son
como tú mismo fuiste
desde el tiempo
y hasta el tiempo.

He llegado
hasta el maltrecho árbol
que mis frutos da,
y excavando en su raíz
amargas, indistintas savias
y turbias sierpes
no me dan razón
ni sentimiento.

Cansancio / Cortesía de Pixabay La hormega

Noctívago

Lassitudinem

Juan Pablo Picazo

Antes que el sol nazca
me miro en pie
y empujando la gran roca.

Nadie me obliga:
no hay látigos,
sólo esas palabras-aguijón
que llaman a superarse,
a ser mejor que uno mismo cada día.

En las otras cuestas
los demás hacen lo mismo,
muy jóvenes,
apenas niños,
penosos ancianos
cuyas moles
se mueven apenas de su sitio.

Los hombres y mujeres
que escupen las palabras-aguijón,
pasean sus joyas
entre nosotros,
“Seás como yo”, susurran
y se marchan a otra cuesta
para repetir
sus consejas venenosas.

Llanto, empapadas ropas,
heridas sangrantes
que compraron promesas
cuando la noche viene
y la piedra
ha vuelto a caer.

No importa,
me digo como ellos,
mañana será el día que lo logre,
cada día estoy más cerca,
pero las canas ya se extienden
y comienzan las fuerzas
a perderse entre uno y otro impulso.

Una débil voz
dice: “Despierta,
tu tiempo ha terminado”.

Un camino iluminado, cortesía de Pixabay | La hormega

Yo lector

Teresa de Jesús, reflexión a partir de una segunda lectura

1.

Teresa hermana, Teresa maestra, Teresa sierva de otro. Teresa espejo invertido en el que enfrento lo que no soy, ni he buscado nunca. Teresa madre de voces cuyos versos no te emulan, pero tratan de continuarte desde la laicicidad, desde el engaño de la realización moderna, y su cansancio devastador que no reinicia los deseos, causa eficiente de nuestra respiración feliz, sino que la agota, la quema irremediablemente.

Aquí mis letras de tu lectura, aquí las letras de la re-lectura del opúsculo Del delirio al amor. Teresa de Jesús (1515-1582), de Alejandra Atala  presentado al público por Editorial Quadrivium, aquí mi asombro continuado, aderezado en la invitación de Alejandra, quien te ha leído con mayor fruición y entendimiento y a quien conozco desde hogaño en una cuenta de los días que ya me pasma y me causa regocijo; y quien nuevamente me ha convocado para versar sobre un libro con la exquisita factura de Quadrivium editores con ecos inmensos, me pierdo en tus lumbres iluminadoras que partiendo del mandato divino, tocan lo que estos seres de herido barro intuimos y no queremos reconocer, no queremos poner en palabras pese a la advertencia de tantoscomo son el mundo y la raza de señores que lo gobierna, y no son sino un engaño.

Teresa voz, Teresa deslumbrante, Teresa templo, Teresa temple. Teresa ejemplo, Teresa que por bien querida de unos, vilipendiada has sido, olvidada y silenciada detrás, debajo de las modas y los modos de una así llamada sociedad que se ha olvidado de una verdad que de tanto en tanto, los profetas y los poetas, los filósofos y las más decantadas sensibilidades y potencias del espíritu nos recuerdan de tanto en tanto: todo, absolutamente todo, lo llevamos dentro. El engaño, desde hace mucho tiempo, ha sido hacernos creer que debemos buscarnos allá fuera.

Así que yectos, Heidegger dixit, arrojados en un mundo desolado, estamos. Buscando nuestro ser auténtico creyendo haberlo encontrado dentro de nosotros mismos. Pero ¿que no está bien si entendimos ya que todo lo llevamos dentro?

Si. No. No siempre, no así.

2.

Teresa mística, Teresa sierva insospechada mía, Teresa fuerte, Teresa ardiente, Teresa rebelde y fugitiva, Teresa verdadera, Furtiva Teresa. Ahí está tu voz trascendiendo siglos hasta el hoy de los descreídos que no pecan por descreídos, sino por vacuos. Por evasivos, por seguir las modas y los modos de esta raza de señores que nos han expulsado del paraíso de los ricos, que nos han desterrado del paraíso de los entendidos yq ue en suma y en masa, nos han expoliado de nuestro pensamiento, nuestra meta, imponiéndonos una estética perversa, una febril actividad embrutecedora, una alienación en la que autoexplotarnos es acercarse al paraíso.

Al retratarte, puede sin embargo, que Alejandra Atala como tú, pese a llevarlo todo dentro, sucumba al instinto de buscarlo fuera –más allá de ese engaño que de todas formas no disculpamos porque malhabido y malhadado es–, el instinto de buscarlo fuera, decía, no sea tan erróneo, pues nuestra concepción del mundo es la caverna de la que Platón hablaba ya, y estamos a ella tan habituados, que se ha convertido en la verdad y podemos asfixiarnos en ella suponiendo que ese sofoco constante es nuestra respiración en su máximo esplendor.

Expandirse más allá de uno mismo, abandonar la ínsula extraña que se es, por decirlo con Juan de Yepes, permite descubrir muchas cosas: la primera es que en los demás existen hondas, sacras verdades tan absolutas e irrevocables como la nuestra y que es maravilloso ver a otros abandonar sus propias cavernas mentales y espirituales, como quien dolorosamente rompe un cascarón para encontrarse que uno no es sus propios huesos ni su propia piel, y que los límites de uno mismo, la piel, las personales convicciones pensadas como frontera por ejemplo, no son más que ilusiones, y que mi cuerpo se extiende en las paredes, en las raíces de los árboles; mi pensamiento en los ojos de los animales y en la cabeza de otras personas, y que mi piel no se acaba en la punta de mis dedos, sino que continúa tersamente en los brazos, las piernas de cada uno de quienes aquí y allá respiran, ustedes mismos, por ejemplo.

Muchas gracias


Texto leído por Juan Pablo Picazo durante la presentación del libro de Alejandra Atala Del delirio al amor. Teresa de Jesús (1515-1582), de Editorial Quadrivium, el pasado domingo 21 de julio en La Universal, Feria del libro independiente del estado de Morelos, desarrollado en el Centro Morelense de las Artes en Cuernavaca.
Lluvia pixabay La hormega

Otro mundo

Mundi tempus pluviæ

Juan Pablo Picazo

 

Ebrio de lluvias
me ha nombrado el sol
padrino de sus muertos.

Por salir de casa
hice catwalk sobre la barda,
pues lago abajo
calle cotidiana ya no estaba.

Niebla crecida,
lagartos de vitrofibra
me persiguen
y me invitan
a sus cálidas barrigas.

Así, en digestión,
soy viajero
luego olvido.

Foto: Pixabay

Noctívago

Inflamable

Juan Pablo Picazo

Perdido igual que siempre
busco portar
las antorchas
mismas
que regalan a otros
para iluminarse.

Y les veo flagrantes,
paso marcial y legajos de excelencia
andando entre vallas
de humanos postrados.

Pero siempre
estoy muy lejos de los pebeteros,
mando mis murciélagos
con los mensajes
y sólo aporto combustible
para las llamas que darán a otros.

Y recorro mis oscuros lares
con esta constante,
débil luz que dan mis venas,
en la invisibilidad,
inaudito,
inviable,
pero a voluntad inmarcesible.