Incierta certeza

Ausencia

Por Luis Ernesto González

A VAMG

Sí, es mi huella,
pero se ha ido la playa.

No me importa mi huella,
—cuánta soberbia—;
quiero la playa, la playa
frente al mar.

El mar se ha ido.

El mar,
el horizonte
donde se guarda la estrella
tras nadar
toda la noche.

Pero también la estrella,
también se ha ido la estrella.

Las horas
se detienen y la inercia
de la vida —que calme
tanta extrañeza—
a solas me ha dejado
con la ausencia.

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Volver al viento

Cantigas a la Cábala (nueva versión)

Por Alejandro Chao Barona

5a

El coloquio divino irradia versos de tragedia griega;
los espectros de la casa vieja superan con su silencio
la velocidad de la Luz y el trámite del pensamiento…

Los espasmos de su Risa sacuden el universo:
fusión: plutonio, cobalto, torio, uranio: fisión…

Y la onda esférica te deja fuera de sí, revela su meollo:
el Gran Esplendor crea, conserva y arrasa al astro que
deambula entre las líneas de la geodésica Jícara Celeste…

¡Despelleja a Toci Tlazoltéotl: transita de la guacamaya roja,
divisa solar, a la nívea lechuza que se abate con la oscuridad!

¡Ahoé, ahoé! –exclama y danza desnudo hasta el amanecer…

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Yo lector

Gabriel García Márquez y el cine como demonio socrático

 

El presente texto fue una ponencia presentada durante el Simposio Cine, literatura latinoamericana y educación del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma del estado de Morelos, el 22 de septiembre de 2009. Aparece aqui como mero homenaje al autor recién fallecido.

Por Juan Pablo Picazo

Introducción

 

En alguna ocasión Gabriel García Márquez ha dicho que la del cine “es una tercera realidad entre la vida real y la invención pura”i. Según mi parecer, esta afirmación vale lo mismo para el cine que para otro arte cualquiera, pues esa realidad advertida por el artista no siempre coincide con lo que sus contemporáneos experimentan, por eso raya en la ficción o se gesta en ella, por eso funda una primicia que a la larga, según la Teoría de la Difusión de Innovaciones de Everett Rogers, habrá de seguir su propio camino hasta convertirse en un agente de cambio socialii.

 

La invención pura que fluye del artista —por usar la expresión de García Márquez—, tinta ya en la realidad como éste la percibe, gusta y padece, logra un discurso cuya misión es instilarse en la sociedad según los canales y los tiempos propios de su naturaleza, hasta transformarla de acuerdo con las tasas de adopción logradas; en este caso a través de la lectura, la exhibición y el uso pedagógico de que sea objeto.

 

Lo anterior explica desde un modelo teórico preciso, el fenómeno recurrente del artista incomprendido y a menudo rechazado por sus contemporáneos, que uno o más siglos después de su muerte conquista el corazón de cierta sociedad, misma que reprueba el desprecio de sus antecesores y lo proclama precursor de sus costumbres.

 

En este sentido la tercera realidad que el cine y la literatura ofrecen a la sociedad es una conciencia que advierte y convierte, arguye y redarguye, rebasa a sus destinatarios y espera que tengan un más refinado uso de razón para lograr que el mensaje arraigue, lo que ocurre varias generaciones después. Esto se observa con mayor asiduidad en la obra literaria que en la cinematográfica.

 

Así, esta tercera realidad es como el demonio socrático presente en los Diálogosiii de Platón: una tercera voz con la tarea de proporcionar consejo al individuo cuyo deber le impone tomar una decisión ante la cual la razón le resulta incompleta por su frialdad, y la emoción inadmisible por su completa parcialidad.

 

Al sol de hoy esa tercera realidad, demonio o conciencia, es muy necesaria para frenar los diversos signos de descomposición social que en el mundo se observan mediante síntomas como la pobreza extrema, la muerte de la pareja, el ecocidio, la piratería naval, el hambre, las enfermedades y el tráfico ilegal de lo que sea: desde discos de video, ropa, armas, drogas, influencias y hasta personas; hechos insoslayables estos que minan a diario lo que todavía llamamos civilización.

 

Testigos de este tiempo, asistimos a lo que Harold Bloom ha llamado con sobrada razón la Edad caóticaiv, pues no existe como en otros tiempos históricos, un pensamiento guía que dentro de la diversidad habitual dé luz al desarrollo de la humanidad, como lo hubo en las edades preliminares a las que el historiador italiano Giambattista Vico llamó sucesivamente Edad teocrática, Edad aristocrática y Edad democrática.

 

Mientras tanto, nos complacemos llamando a nuestra realidad contemporánea con pomposos nombres como Era telemática, Edad digital, Globalización, Edad de las telecomunicaciones y Sociedad del conocimiento; nombres que no por parcialmente verdaderos refieren el pensamiento dominante, sino una ausencia de este en aras del progreso tecnológico compulsivo cuya característica más visible y aun risible, es la obsolescencia casi automática.

 

Tanta celeridad ha llevado al desprecio de la erudición, al abandono del ideal enciclopédico justo cuando parece haberse cumplido, y al encumbramiento de una adaptabilidad basada en las habilidades motoras para el manejo de la incesante aparición de nuevas plataformas tecnológicas antes que en el intelecto, como anticipaba Julio Verne al exponer un espantoso modelo de universidad cada vez más cercano, en su novela llamada París en el siglo XXv.

 

Para la mayoría de nosotros resulta claro sin embargo, que pese a los modelos pedagógicos impuestos por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otras instancias similares como condición de acceso al crédito, la educación es aún la vía más importante para lograr el desarrollo de los individuos y las sociedades, y que en nuestro tiempo el proceso de enseñanza-aprendizaje está indisolublemente ligado a los medios de comunicación.

 

1. De la literatura al cine

 

Entre bibliófilos, críticos, aspirantes a escritores, profesores universitarios, cazadores de incunables, bibliómanos, estudiantes de literatura, reseñistas consuetudinarios, y lectores empedernidos, existe un dicho que circula como moneda corriente cuando se trata de presagiar la crónica de una adaptación anunciada: “Un buen libro antecede a una mala película”, y por supuesto su contraparte: “Las buenas películas salen de muy malos libros”.

 

Aunque muchas veces acertada, es claro que esta fórmula no es infalible y cada vez que se muere un burro podemos degustar una buena película salida de un buen libro, si bien al final ambas obras no guarden parentesco alguno más allá del nombre, o a veces ni siquiera eso.

 

A esto habrá que agregar que muchos novelistas contemporáneos ya escriben en clave de cine como es el caso de Stephen King, Jane Rowlings y el tristemente célebre Dan Brown por sólo citar a algunos y que, no obstante, el cine parece carecer de argumentos originales, por lo que la adaptación es el pan de cada día, de modo que las tiras cómicas, las series de televisión y las obras literarias son muy socorridas.

 

¡Alto! Eso es en el cine norteamericano y aquí hemos de hablar de producciones latinoamericanas, objetarán con justa razón, pero como lo que hace la mano hace la tras, cabe esperar que los primeros marquen tendencia y los nuestros les sigan obsecuentes.

 

Y es que los directores usan categorías muy ambiguas a la hora de explicar su trabajo de adaptación y van desde “Basado en la obra homónima de…” hasta “Adaptación libre de la obra de…” parámetros de un espectro que no garantiza el respeto a la obra original.

 

Así, las adaptaciones, traslaciones o como guste llamar a las versiones cinematográficas de novelas, cuentos y obras teatrales, dejan de ser “una tercera realidad” y mutan en una “cuarta” o “quinta”, que diluye su poder original, lejos de potenciarlo como en primera instancia suele parecernos merced a la popularidad de que el cine goza como medio de comunicación, más que como arte, huelga decir.

 

Incluso obras tan sencillas y deslumbrantes como La tregua, de Mario Benedetti, pierden mucho de su brillo al pasar por la trituradora de la adaptación; pues se cometen pecadillos como pretender que Montevideo y Veracruz son lo mismo, entre otros que el cinéfilo perdona a mansalva y que al espectador simple no le importan, porque jamás abre un libro, aunque le llame la atención, pues sabrá esperar piadoso y paciente a que salga la película.

 

No obstante el lector asiduo padece, más que disfrutar, la mayoría de esos trabajos, aún los reputadamente bien logrados como El señor de los anillos de Jackson, quien deja mucho en el tintero, como el encuentro de los hobbits con Tom Bombadile en su camino hacia Bree, y mucho más de la generosa pluma de J. R. R. Tolkien.

 

Y está bien, lo acepto: todo este discurso puede ser achacado a mi personal terquedad de lector, como acusa el realizador mexicano Arturo Ripstein, amigo del propio Gabo: “Más que el peso de García Márquez, al momento de escribir el guión sufrimos el peso de los millones de lectores, probablemente más intransigentes y más beligerantes que él.”vi

 

La experiencia colectiva de otros lectores que conozco con la obra cinematográfica basada en la novelística garcíamarquiana, ha sido más bien decepcionante, un ejemplo es Florentino Ariza quien fue reducido al estereotipo del hombre pávido; Fermina Daza, al de una mujer glacial y prejuiciosa, lo que deja de lado la feroz batalla emocional que ambos sostienen durante los años de fructífera y apasionada vida del Doctor Juvenal Urbino en el papel, que no en la pantalla. Y todo esto, deber es decirlo, al margen de la calidad de los actores, quienes siguen un guión que es la versión descremada de El amor en los tiempos del cólera.

 

¿Para qué abundar en otros crímenes semejantes, como las áureas naranjas presentes en La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, que lucen como una simple serie navideña en la pantalla y no como el feliz prodigio descrito en ese cuento mayúsculo?

 

Como comunicador todos los medios me son gratos, por tanto déjese de lado la idea de que satanizo el cine o desprecio la televisión, pues ambos me gustan y mucho. Cierta es por otro lado mi preferencia por la radio como medio para la difusión de la literatura, pues por su naturaleza verbal, es una aliada maravillosa de la imaginación; y no importa si se propaga por el mundo mediante las ondas hertzianas, o lo hace por Internet.

 

Así, Ripstein sólo tiene razón a medias, pues el lector es de suyo un espectador más exigente que el promedio porque conoce la obra original y descubre las anodinas adiciones, los cortes infames, los insufribles cambios de escenario o personajes a fin de que el lenguaje literario se encorve a la menor altura del lenguaje cinematográfico, limitado como está por el tiempo, la fuerte competencia en cartelera y la necesidad de vender comida chatarra oportunamente.

 

Con todo y su entusiasmo por el cine, la obra narrativa de García Márquez no es fácil de adaptar a la pantalla. El perfil dimensional de sus personajes, la magia de sus escenarios, los hechos que consigna en esa su habitual urdimbre de portentos capaces sin embargo de pasar por cosa cotidiana, son algunos —me parece— de los elementos responsables.

 

2. El evangelista del cine latinoamericano

 

Para Hans Magnus Enzensberger, la teoría de los medios de comunicación va siempre a la zaga de su desarrollovii. Hoy por ejemplo, hablamos sobre la importancia del cine y la literatura latinoamericanas en la educación, cuando estamos dice él, “en el ocaso del arte de los impresos” y cuando el cine mismo ha dejado de ser un arte sólo para iniciados, gracias a la multiplicación de los juguetes tecnológicos que tienen cámaras de video, y los nuevos formatos digitales para el almacenamiento y distribución de la obra cinematográfica.

 

Y no sólo la teoría, sino las consecuencias legales que estos medios pueden tener; hoy en día existen muchas naciones en las que aún no se establecen normas que garanticen los derechos de terceros en la emisión y tráfico de mensajes por la red, por ejemplo, como se supone existen para la prensa, radio y TV; decimos se supone, porque el debate sigue abierto en México y en tanto, los grandes empresarios del ramo entran a saco por los intersticios de la ley.

 

Cada medio, según este poeta y ensayista alemán, tiene sus profetas y vienen formados de dos en dos: los apocalípticos y los evangelistas. Los primeros son admonitorios, nos previenen todo el tiempo contra las cualidades negativas de los medios y su efecto nocivo en las relaciones humanas; los segundos en tanto, son promotores gratuitos de sus noblezas, de sus aplicaciones vastas en casi todos los campos del quehacer humano y si cómo no, en la educación.

 

De acuerdo con la tipología propuesta por Enzensberger, Gabriel García Márquez es en toda la línea, un evangelista del cine latinoamericano; lo que se echa de ver con claridad en Vivir para contarlaviii, primera parte de su obra autobiográfica, cuando da testimonio de sus tempranas andanzas como crítico de cine en periódicos como El espectador de Bogotá hacia 1954.

 

Más tarde, ya en 1986, le vimos como uno de los precursores y principales promotores de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL) y de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba.

 

Desde su juventud consideraba el cine como el medio de expresión perfecto, opinión que matizó luego de su paso como estudiante de cine en Europa y guionista en México, experiencias que le enseñaron por contraste las ilimitadas posibilidades de la novela en el plano narrativo.

 

Pese a todo, el marido de Mercedes Barcha, como gusta de presentarse, es aún el evangelista más importante del cine latinoamericano, prueba de ello es el hecho de que la FNCL tenga como propósito manifiesto la integración bolivariana; al menos en este campo, lo que resulta desmesurado reconoce el escritor, mientras hace un esfuerzo semejante a través de la Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

 

3. Las aulas en la encrucijada telemática

 

La necesidad de incorporar los medios al trabajo educativo resulta evidente por las múltiples ventajas que ofrecen para la búsqueda y tratamiento de la información, lo que acelera el proceso de enseñanza—aprendizaje en una sociedad que llamándose del conocimiento, ha dejado de apreciar la sabiduría y el intelecto a favor de la habilidad y la adaptabilidad.

 

Como se sabe, los medios cumplen un innegable papel como modeladores de lo que ciertos autores denominan personalidad de status o persona socialmente necesariaix; es decir, se ocupan de la socialización autorreferenciada y procuran influir en la formación de las costumbres, hábitos y valores del individuo, tanto como las instituciones académicas, religiosas y civiles.

 

Al margen de autores, tratados y teorías, la tendencia cada vez mayor a la incorporación de los medios como auxiliares en la tarea educativa, en el plano de la práctica cotidiana ha dado a luz algunos monstruos, como el profesor que satura de películas a sus estudiantes sin establecer con claridad la relación de estas con los conceptos que deben comprender e incorporar al corpus de sus conocimientos; o los estudiantes que adheridos a la ley del menor esfuerzo recurren al plagio vergonzoso para pretender que han escrito ensayos, artículos, opúsculos y demás con sólo bajar los folios trabajados por otros de este u otro portal de la red.

 

Hoy los profesores, además de luchar contra el tedio, y la indolencia prematura para entregar a los jóvenes el mensaje educativo y contagiarles el entusiasmo que el pensamiento nos despierta, también hemos de librar batalla contra novísimas adicciones como navegar en la red a veces sin rumbo fijo y en plena clase y esa imperiosa necesidad del balbuceo virtual por mensajero electrónico, sobre todo cuando vemos lenta pero indefectiblemente cómo las computadoras portátiles y hasta teléfonos celulares, reemplazan a los cuadernos de papel.

 

Insisto: no estoy en contra del uso de los medios como herramientas educativas, coincido con Umberto Eco cuando afirma que “Un buen programa educativo de la televisión (no se diga un CD ROM) puede explicar la genética mejor que un libro.”x Sin embargo, el propio semiólogo italiano advierte que “La comunicación visual debe equilibrarse con la verbal, y principalmente con la escrita” para que el aprendizaje sea completamente razonado, ya que de lo contrario se corren graves riesgos de interpretación pues “las imágenes ejercen —dice Eco— una suerte de poder platónico: transforman a los individuos en ideas generales.”

 

Los docentes aspiramos a que nuestros discípulos actúen como agentes de cambio social más que como fieles reproducciones de la personalidad de estatus, para lo que es menester la construcción de discursos educativos que conlleven una equilibrada presencia de esa tercera realidad que tanto el cine como la literatura ofrecen como recursos académicos.

 

Como se ve, es demasiado lo que esta línea de pensamiento exige aún y demuestra lo que Enzensberger afirma, que nuestros intentos por teorizar en torno a las relaciones subyacentes entre el cine, la literatura y la educación, están a la zaga de un fenómeno que lleva décadas de existir y en cuyo conocimiento y dominio nos hallamos apenas en meros esbozos.

 

____________________

i Discurso pronunciado por Gabriel García Márquez, presidente de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, en el acto de inauguración de la sede de la misma, el 4 de diciembre de 1986.

ii Rogers, Everett Diffusion of innovations Free press NY 1962.

iii Concretamente en La apología de Sócrates, donde el filósofo se vale de esa tercera voz para decidirse por la muerte entre los castigos que los jueces de Atenas le ofrecen.

iv Bloom, Harold. El canon occidental. Anagrama, Barcelona, 2001. Págs. 11, 12.

v Verne, Julio París en el siglo XX Planeta, México, 1995, pp. 228

vi García, Lorena. Arturo Ripstein, el coronel enamorado .La nación 16 de noviembre de 1999.

vii Enzensberger, Hans Magnus. El evangelio digital. Nexos. Marzo de 2000, México.

viii García Márquez, Gabriel Vivir para contarla Diana, México, 2002 pp.579

ix Ginsberg, Enrique Control de los medios, control del hombre Ed. Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1988.

xEco, Umberto El porvenir de los libros Cuadernos de divulgación de la dirección editorial de la UNAM. pp. 6 y 7
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Cosas pequeñas

El mundo de las dos opciones

Por Anayansi Zozaya

El martes 25 de junio de 2013 escuché la noticia por primera vez:

En México, el 24.7% de los jóvenes de 15 a 29 años no estudia ni trabaja, por lo que el país tiene la tercera cifra más alta de “ninis” entre las naciones que conforman la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), según el estudio Panorama de la Educación 2013 que elabora ese organismo.

“Estos chicos se pierden, porque nadie está invirtiendo en ellos, ni en el trabajo están siendo capacitados, ni en la escuela están siendo atendidos; entonces este es un grupo de muy alto riesgo”, afirmó la directora del Gabinete de la OCDE, Gabriela Ramos, en videoconferencia desde París. Opinó que el fenómeno de los “ninis” es una tragedia individual, pues implica la pérdida de oportunidades, de capacidades y de recursos para que estos individuos tengan un desarrollo pleno.

¿Cuál fue la impresión general del público ante semejante noticia? ¿Qué reacciones suscitó la llamada “tragedia” (por nuestra especialista)? ¿Qué respuesta hubo ante el término “ninis”? ¿Qué opiniones se escuchaban en torno al suceso expuesto?

En general, indiferencia y, en particular, una que otra risa, un “qué chusco eso de ninis”, algún “qué grave, somos un país de quinta”, o “por eso estamos como estamos”, el típico “puro vago”, el “a dónde iremos a parar” y cosas parecidas.

Sin embargo, la trascendencia de la noticia está, diría Milán Kundera, en otra parte. Es una información gravísima pero no por las razones que se argumentan. El problema aquí no estaría, siquiera, en que México ocupara el primer lugar de la ninisería.

El meollo se encuentra en considerar seriamente la posibilidad de que en el mundo existan sólo dos opciones como posibilidad para el desarrollo de un ser humano. Lo ponderoso está en la noción de que estudiar y trabajar sean las únicas alternativas para no hacer de nuestras vidas un desperdicio. La tragedia se encuentra justamente en centrar la vida en el estudio y el trabajo; en basar nuestra identidad en aquello que hacemos o no hacemos.

La productividad ha sustituido a la vida. El adoctrinamiento o estudio (si gusta más esta palabra) nos prepara para (bien lo dice Abenshushan) el trabajo, que es la instancia que permite que la esclavitud perdure de forma conveniente.

¿Quién en su sano juicio (o, debo decir, en su locura liberadora) querría voluntariamente llevar una vida (por decirlo de alguna manera) de espaldas a la vida? ¿Quién elegiría la servidumbre sobre la espontaneidad? ¿La subordinación a la osadía? ¿La precariedad al atrevimiento? ¿La imposición al desafío? ¿El dogma a la magia?

Para empezar, el 75.93% no nini. ¡Esta es la cifra alarmante (si a cifras vamos)! La gran mayoría dócil, adaptada, doblegada, sometida, vencida, humillada; pero pensándose triunfadora, exitosa, ejecutiva, productiva, imprescindible (un toque de inocencia). Siempre hablando de los mismos temas, con el mismo estilo, los mismos gestos, los mismos gustos. Y sin la menor sensación de incomodidad en medio de este desolado paisaje. Al contrario, la impresión de pertenencia, de yo si valgo, yo si hago; trabajo, luego existo.

Ninis (¡qué términos caray! ¡OCDE!) mexicanos, orgulloso 24.7%, chicos perdidos… ¡sigan perdiéndose! ¡Sosténganse en las otras millones de alternativas! ¡Aléjense del mundo de las dos opciones! ¡Sálvense! Vaguen, tomen té y café la mañana entera, métanse a un cine por la tarde, vayan a bailar por la noche, caminen, suban una montaña, acuéstense en un parque, jueguen, amen, escriban cartas, hagan una fogata, viajen, salgan al balcón a observar a la gente, pónganse un sombrero rojo, inventen formas de aprender, hagan de su vida un cuento (con dragones), no se acomoden (si no es en una hamaca), luchen por lo que es verdaderamente noble, luchen por la vida, elijan. ¡Por favor, elijan! Y respondan con absoluto decoro: ni estudio ni trabajo. Yo prefiero vivir.

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Noctívago

Incuestionable

Por Juan Pablo Picazo

Besar la lluvia,

dar segunda al viento en sus canciones,

prestar mis pasos a todos los ríos

para acompañarlos de principio a fin,

son tareas que me asignó el anciano.

 

Dijo también que deberes tengo

como barrer el polvo de la luna,

lavar los trastos donde ha comido

cada pobre verdadero de la tierra

y sostener la toalla de todos los bañistas

que buscaban la salud

en cualquier fuente, en cualquier tiempo.

 

Me ordenó además

bocetear hogares para cada vagabundo,

conseguir familia a cada huérfano,

abrazar a cada solitario

y nombrar cada lugar que nadie ha visto.

 

Preciso es, me dijo,

que engarce joyas para que los niños jueguen,

disuelva luz en todos los rincones,

y ponga aromas de verdad y de belleza

en la cama de todos los moribundos tristes

que han sido antes y después de mi.

 

Me ha pedido desparecer las armas

y hacer con ellas juegos infantiles, cucharas,

estatuas de próceres felices esparciendo versos

en toda la nación humana.

 

En suma, dijo,

si pasas esta prueba,

la verdadera tarea de escribir tus versos

te será impuesta

a su debido tiempo.

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Incierta certeza

Vértigo

Por Luis Ernesto González

Imposible, improbable.
Aquello de cuántas contra una de nacer,
aquello de encontrarnos en el tiempo,
aquello de darnos, entre ruinas,
una oportunidad.

¿Has mirado la noche
y te has sentido ella?

Vértigo da,
mi amor,
y en mí
inevitablemente
florece lo que tanto yo quisiera
poder llamar sagrado.
Se levantan mis ojos a lo alto
en agradecimiento.

Y si es casualidad,
que ella –ella,
la casualidad,
la hija del sinsentido– mire mis ojos:
no podrá no compartir el vértigo
si mis ojos se rompen al mirarla.
Un instante
será tan suficiente
para que invente –el azar, que lo invente el azar–,
para que invente un dios
–o lo descubra–.

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Volver al viento

Cantigas a la Cábala (nueva versión)

Por Alejandro Chao Barona

5

Y aunque hoy por hoy nada seas en su presencia,
los dioses empequeñecerán ante tu grandeza, en
cuanto la alquimia transmute tu ceniza en gloria
—escribe insondable el querúbico Ángel Silesius…

Tendido en el mínimo peralte de un alto risco,
Prometeo contempla pávido revolotear al águila…

¡Honra con tu sangre a la gran Atenea Fiera,
ofrécele en sacrificio la esencia de tu vida y
serás un búho de plata en el hombro de la diosa!
—canta el poeta…

Divago, pero estoy atento a la apertura
de ese diálogo escandido que permita
aclarar la hondura mítica del Espíritu…

Avidez, afán, asedio, requiebro, cortejo:
hasta derribar sus Límites Perfectos…

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