Economía moral y paro cívico
Por Juan Jacobo Schmitter
La economía moral es convocada a ser, nos dice Julio Boltvinik. “La ley de la oferta y la demanda podrá explicar el precio del pan, pero no resuelve el hambre de la gente.”
Convocada a ser. Todavía no es. Pero debería ser. ¿Tal es la definición de moral: lo que no es, pero debería ser?
Lo que debería ser, incluso si nunca llega a ser cabalmente, al menos como brújula ha de servir, para indicar hacia dónde navegar, cuál es el rumbo.
Un gobierno que ni siquiera en el discurso reivindica la moral es, por definición, un gobierno inmoral. La preocupación neoliberal por los indicadores macroeconómicos está divorciada de la preocupación por el hambre de la gente, por la ignorancia, por la enfermedad, por todas esas urgencias más graves que el narcotráfico.
Al calderonismo no le interesa la justicia en la recaudación fiscal. Exprime a consumidores y empleados, y mantiene los privilegios de los más ricos del país, las grandes empresas que eluden impuestos mediante mil trucos legales: donar a su propia fundación y deducirlo, beneficiarse de incentivos y tolerancia a la morosidad, exenciones, incluso subsidios, etc.
Sea por la vía del miedo (no se vayan a enojar y retiren sus capitales del país), sea por la vía de la complicidad con estas empresas (¿quién va a usufructuar la fibra óptica, ante el asesinato de Luz y Fuerza?), la actitud del gobierno federal en materia fiscal es inmoral.
Como inmoral fue la decisión de la Corte cuando ratificó a Calderón en la presidencia, a pesar de reconocer expresamente las irregularidades antes, durante y después de la elección. Se reconoció la inmoralidad y no se corrigió.
Como inmoral es una “guerra” contra el narco que ha inundado al país en la violencia (¿15 mil muertos? y nos escandalizaban los cientos de asesinatos de perredistas a manos de Salinas) y no ha resuelto ni en el papel el problema de salud y educación contra las adicciones.
Como inmoral es la autorización para sembrar maíz transgénico en la cuna del maíz.
Como inmoral es el recorte a educación, ciencia y cultura, a salud, a todo, en aras de sostener privilegios.
Pero también es inmoral dejar de luchar, dejar de soñar, bajar las manos. Tal vez sea inútil que el SME llene el Zócalo, que el Peje recorra hasta el último municipio del país, que Marcos no abandone. No importa. Llach: hem après l’art d’esperar, aquest art d’esperar en nits interminables d’impotència. Mejor así, que no un rebaño de corderos sometidos al cálculo de los ordenadores de intereses. Y exigimos, apasionadamente o con tristeza.
Por lo pronto, es inmoral no sumarse al paro cívico nacional el próximo miércoles 11 de noviembre. Véase, entre otros muchos espacios que hacen el llamado (Lennon: you may say I’m a dreamer, but I’m not the only one): http://espaciodialogo.blogspot.com/
Soñemos por el hoy de la renuncia de Calderón, y soñemos con más fuerza y paciencia por un mañana donde la producción de pan se calcule para resolver el hambre y no para maximizar las ganancias de Bimbo. Un mañana donde la economía sea moral.