Públicos y artistas en evolución | La hormega

El ornitorrinco

Nuevos públicos, nuevos artistas

Juan Pablo Picazo

Si quieres escuchar la entrevista contenida en el Programa Morelos en La Hora Nacional, sigue este enlace.

El estado de Morelos es rico en manifestaciones artísticas, patrimonio histórico y cultura, así como punto de conexión entre diversos destinos en la región centro-sur del país; lo que deriva en un buen caldo de cultivo para el desarrollo de diversas generaciones de artistas y sus propuestas. ¿Cómo se forman estas nuevas generaciones de artistas? Antes de que las Instituciones existieran, y aún hoy con ellas, parte de la labor la realizan los propios artistas. 

Jóvenes en acción

Son muchos los actores del arte y la cultura morelense quienes afirman que en Morelos se vive un momento especial para el desarrollo de las disciplinas artísticas, cada uno de ellos tiene una idea muy particular sobre hacia dónde apunta este desarrollo; por ejemplo, el escritor y editor Ricardo Venegas, se muestra optimista y así lo consigna:

Hay muchos géneros desarrollándose en la escena: narrativa, poesía, crónica incluso. –Nos dice Venegas– Por ejemplo la crónica es importantísima; y hay muchos jóvenes valiosos y emprendedores que merecen tener un lugar porque sí hay talento en Morelos. Agrega que además de los poetas y los narradores, hay gente muy valiosa en el estado.

Aunque Venegas lo enfoca desde sus quehaceres profesionales, que son la edición y la literatura, su optimismo es compartido por otros personajes, como el escritor y promotor cultural Juan Francisco García Reynoso, quien nos dijo quien se dice maravillado ante la enorme cantidad de jóvenes proponiendo, y trabajando en el ámbito cultural en el estado. Agrega: “Yo siempre he diocho que Cuernavaca tiene una excelente vida cultural y artística.”

Ambos personajes coinciden en un punto: la acción de los jóvenes como factor de cambio permanente, pues han sido ellos quienes, haciendo uso de las nuevas tecnologías, han abierto nuevos canales de expresión, han fundado nuevas propuestas artísticas en literatura, música, plástica, teatro, y danza, además de abrir foros, galerías, cafés, centros culturales, y talleres, y hasta medios de comunicación, por decir lo menos.

Artistas y maestros

Lo anterior ha ocurrido en Morelos —y en todo el país, hay que decirlo— pese al estereotipo tradicional del joven indolente y alienado ¿Cómo se ha logrado esto? Una parte ha sido gracias a la enseñanza artística en instituciones como el Centro Morelense de las Artes, La Escuela de Escritores Rocardo Garibay, y las facultades de Humanidades y Artes en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos; sin embargo, los propios artistas en Morelos, llevan años formando nuevos públicos y nuevos artistas mediante talleres, cursos, diplomados y otras experiencias formativas similares.

“Yo doy talleres, primero porque me divierto –confiesa la escritora Alma Karla Sandoval con una sonrisa–, la paso muy bien, y es una manera no de ganar grandes sumas, pero sí es una forma bastante digna, y me parece que honrosa de asistir al nacimiento de escritores.”

“Llevo ya casi diez años formando cuadros, de poetas y escritores que también están encontrando la manera de madurar sus voces, y de consolidarlas; que uno nunca termina en esta búsqueda literaria que te lleva todos los años de tu vida, pero es maravilloso encontrase una intuición. Un caso es el de Ivana Melgoza, el de Andrea Ortíz, Fernando Rubín, el de tantos, que de repente llegaban con quince o dieciséis años, y escribían en un cuaderno tipo diario muy escondido muy íntimo algo que no sabían qué es. Y de repente tener ese encuentro con los primeros garabatos poéticos de un ser humano que tiene futuro como escritor, me parece milagroso.”

La escritora expone su experiencia desde la literatura. No obstante, los testimonios de artistas como formadores de nuevos cuadros, se repiten en todas las disciplinas, Esta es la experiencia del director de cine, Fernando Méndez, quien nos cuenta:

“Me dí cuenta de que existen muchos chicos muy pequeños de nueve, de diez años, que querían ya estudiar cine y decidí darme la oportunidad de trabajar con ellos y ver qué historias podían ellos contarme a través de los medios audiovisuales, y por otro lado, justamente mostrarles todo lo que involucra hacer cine ¿no? toda esta parte del trabajo en equipo y todo esto.”

Fernando Méndez agrega que dar clases a niños y adolescentes ha sido un reto que le ha obligado a replantearse por entero sus estrategias didácticas, por lo que el discurso teórico debe quedarse a un lado y ser plenamente sustituido por ejercicios prácticos.

La experiencia de tratar con talentos tan jóvenes se le ocurrió por la experiencia del “Taller para chavitos”, impartido poco antes por su esposa, la escritora Montserrat Ocampo, cuya idea era en principio, compartir con ellos las lecturas que le habían marcado a esa misma edad, en un taller veraniego que se convirtió en un gran gran hallazgo.

“Ese trabajo la verdad fue muy especial para mí porque me dí cuenta de pronto que tenía conmigo de escritores de 10 años y hasta 16 años, todos conviviendo en la misma mesa, y era una cosa increíble lo que se formaba, pues pese a sus procesos mentales tan distintos, se formaba una experiencia enriquecedora; y en verdad que funciona tenerlois juntos ocupados en la creación, en escribir y proponer algo.”

Tiempos de ruptura

El que no sólo jóvenes, sino adolescentes y niños se muestren tan interesados y dispuestos al aprendizaje y el ejercicio del arte, nos habla de un futuro promisorio, pues ya en nuestros días se nota un cambio respecto a los tiempos precedentes, Davo Valdez, lo describe así:

“Yo creo que estamos en un tiempo que a mí me emociona mucho porque se están rompiendo muchos paradigmas que han sobrevivido a lo largo de los siglos; uno de ellos por ejemplo tiene que ver con el tema de las generaciones, pues creo que éstas ya no tienen que responder a un tema de edad, o a un tema de disciplina ¿no? es decir que cada cuál acompañe sólo a los de su tiempo o su arte, que los fotógrafos estén sólo con los fotógrafos, etcétera. Creo que las nuevas tecnologías y la internet, con todo y lo que les podamos criticar, nos han acercado y han logrado que todos nos pongamos en la mira de unos y otros, y so a la larga, será benéfico para el arte.”

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Editoriales independientes La hormega

El ornitorrinco

Editoriales independientes, entre el ser y la supervivencia

Si quieres escuchar la versión radiofónica para Morelos en la Hora Nacional, producido por el IMRyT, sigue este enlace.

Juan Pablo Picazo

Publicar libros es una tarea importante, no cabe duda; sobre todo en estos tiempos en que se escribe más de lo que se lee. Ya en 1999, André Schiffrin escribía que la edición representa siempre un microcosmos de la sociedad de la que forma parte, refleja sus grandes tendencias y fabrica en cierta medida sus ideas. De ahí su interés.

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Suena el teclado a la velocidad del ensueño del autor, las ideas fluyen de la mente al papel virtual. El joven escritor cree firmemente que cambiará un poco el mundo con su obra. No lo sabe aún pero pronto se convertirá en coleccionista de cartas de rechazo, aunque tiene ya muchas opciones: publicarla como folletín en un blog personal o en una plataforma para escritores, autopublicarse, o… presentar su trabajo en una editorial independiente.

Tania Jasso Blancas, Voces indelebles | Juan Pablo Picazo | La hormega

Se escribe, se pule lo escrito y se le busca un espacio editorial ¿qué problemas enfrentan los autores para publicar su obra? Es Tania Jasso, escritora y directora de la editorial “Voces Indelebles”, quien responde:

“Antes de ser editora fui escritora, y conocí lo difícil que resulta publicar un libro. Existen editoriales institucionales, formales, incluso “independientes”, así, entre comillas, pero estas no te publican a menos que tengas una trayectoria, que tengas libros ya publicados, que hayas ganado algún premio o beca, y en algunos casos, que tengas dinero para pagar tu propia edición.”

Escritores editores

En Morelos, desde hace más o menos unos diez años, se han multiplicado las editoriales independientes, la mayoría de ellas fundadas y dirigidas por los mismos escritores, quienes al no encontrar oportunidades para difundir su obra, han decidido crear sus propios espacios bien sea de manera autodidacta o bien cursando maestrías en producción editorial.

¿Por qué un escritor se vuelve editor?  Efraím Blanco, quien dirige la editorial Lengua de diablo desde hace unos seis años, nos dice:

Efraím Blanco, Lengua de diablo | La hormega | Juan Pablo Picazo

— Mira yo, una vez me dí cuenta de que por lo menos aquí en el estado no había suficientes espacios para muchos autores, sobre todo autores locales; uno siempre como escritor, está buscando dónde publicar o dónde mandar sus textos, y normalmente existen muchos rechazos editoriales, por cuestiones políticas, por cuestiones de línea editorial, por lo que sea; siempre hay gente, jóvenes escritores buscando espacios, ¿Por qué no publicarles su primer libro? ¿Por qué no apostar por gente que nunca jamás nadie ha leído, pero que tiene algo qué decir. Esa es la base creo yo, sobre todo, de Lengua de diablo.”

Marina Ruíz, poeta y creadora de Astrolabio editorial, nos da un punto de vista que, si bien muy cercano, es un tanto más práctico, responde a la misma pregunta:

— Astrolabio es una editorial artesanal y lo que hacemos son libros de autor. Esto quiere decir que  los autores se involucran en el proceso de la construcción del objeto de comunicación que es el libro. Y empezó porque yo también soy autora, y frente a la angustia y lo que sucede cuando recibes un libro que es tuyo y que no te gusta, es esta necesidad de involucrarte en el proces

o y decir: “Pues vamos a hacernos responsables de eso que aventamos al mundo, que no solamente es un texto, o que más bien es el texto en el sentido amplio de la palabra, y que también tiene un referente visual, y que también tiene pues muchos otros lenguajes dentro del objeto-libro.

Los autores y las obras

Ya con el cambio de piel, los escritores devenidos editores, pese a su primera intención de apertura, han de seleccionar su nómina de autores 

para definir un estilo de trabajo y guardar una cierta calidad en sus colecciones; como lo comenta Daniel Zetina, creador de Ediciones Zetina:

“No sólo selecciono una obra, sino a un autor; autor y obra como una unidad. Y para seleccionar a los autores lo que requiero es que comprendan el panorama actual, y también la nueva forma de ser escritor, de ser editor y de hacer libros en 2018 y para adelante.

Un escritor anquilosado, —continúa— un escritor que busca la fama, un escritor que necesita el aplauso, la atención personalizada, no es muy importante para mí porque está más enfocado en sí mismo que en la obra; entonces necesito un escritor que se adapte a la realidad como ha sucedido siempre en el arte.”

Para algunos otros editores sin embargo, la selección de autores está muy ligada al concepto de edición independiente, como es el caso de Voces indelebles, cuya sencilla forma de selección tiene un sólo objetivo, como lo explica Tania Jasso:

“El concepto que yo tengo como independiente, es distinto al que veo que existe en el medio; sí es cierto que hay pocos recursos para edición de libros, y estos están destinados a quienes cumplen con las características y requisitos que antes mencioné; es lo mismo que cuando un joven busca trabajo y no se lo dan porque no tiene experiencia, y no tiene experiencia, porque no se lo dan.”

Agrega Jasso Blancas: “Es por eso que yo decidí empezar con Voces indelebles, buscando, con recursos propios, poder publicar a estos artistas que tienen unas propuestas super interesantes,y hacerlo de una manera cien por ciento independiente; yo no he recibido apoyo de ninguna institución, y esto ha sido, creo, lo que ha permitido que siga siendo independiente en todos los aspectos, porque el único requisito para publicar con Voces indelebles, es el de tener una muy buena propuesta, eso es todo.”

Esta visión es compartida por otros editores, como Efraín Blanco, quien explica: “Creo que en el talento inédito es donde fui encontrando el material fuente para ir creando la base literaria de una editorial que se dedica justamente a eso: publicar a jóvenes que no tienen cabida, y que van encontrando un espacio para su voz.”

Esta decisión no implica que las editoriales independientes descuiden la calidad de su trabajo, pues además de la propuesta literaria, vigilan con mucho celo otras cuestiones, así lo explica Ricardo Venegas, director de la editorial Eternos malabares“Te vuelves más exigente, eres más exhaustivo, y buscas la errata a como dé lugar. En alguna parte de ese libro, hay una errata, entonces eres como un cazador de errores, de los errores de la edición más comunes.”

Ricardo Venegas, Eternos malabares | La hormega | Juan Pablo PicazoRicardo Venegas va más a fondo en la respuesta: los ríos, las viudas y otros defectos incluso físicos de la edición, deben ser cuidados y corregidos mediante una colaboración profunda con el equipo editorial, diseño incluido, con el fin de lograr un trabajo de excelencia.

Aclara no obstante, que la labor de un editor no es modificar un texto, aunque pueden hacerse observaciones para la mejora del trabajo que el autor podrá asimilar o rechazar, un editor jamás debe, dice Venegas Pérez, cambiar absolutamente nada del contenido.

En el caso de Marina Ruíz y Astrolabio editorial, el autor del texto debe hacerse corresponsable de la edición, observar, tomar decisiones. Este proceso especial nació primero como un ejercicio de autoedición, y más tarde con la edición de escritores de entrañable amistad con la editora, hasta que el círculo se ha ido ampliando.

Cuenta Marina Ruíz además, que ese trabajo “es un proceso muy bonito de intercambio con los autores y las autoras, es algo muy íntimo, y en el proceso nos volvemos amigos, amigas; en qué nos parecemos y encontramos nuestro gozo y nuestra pasión por los libros.”

Ser y supervivencia

¿Pero cómo sobreviven las editoriales independientes? ¿Son empresas en el sentido clásico? ¿Desarrollan estrategias de mercadeo?

Marina Ruíz | La hormega | Juan Pablo PicazoPara Marina Ruiz, la literatura, la poesía sobre todo no son negocio y de hecho, nada tienen que ver con ello; si se trata de vender libros, entonces estamos ante otro escenario, considera.

— Marina, tú eres poeta y eres editora ¿La poesía es negocio, debería serlo?

— La poesía habita de muchas maneras en este mundo, y existe de muchas maneras más allá de las

palabras, de hecho más allá de la palabra impresa o de la tipografía, yo creo que tiene una magia que va más allá, que puede ser desde el percibir de otra manera las cosas, hasta poderlo compartir con otras personas.

Explica que los libros de poesía pueden venderse o no ¿Cómo hacerlo? Responde: “Pues se venden a otros poetas y a otras personas que les gusta; son nichos de mercado que son más reducidos a veces, pero también hay épocas, círculos sociales y los targets

Agrega que el editor debe saber a quién van dirigidos esos libros, cuáles son los grupos sociales entre los cuales pueden colocarse, eso es algo que también debe pensarse en el proceso de edición, a quién va dirigido el libro para buscar sus entornos naturales de venta.

“Siempre ha resultado difícil competir con las grandes editoriales formales —apunta Tania Jasso—, entonces es difícil que una editorial independiente sobreviva como una empresa cultural, como  negocio, pues.”

Apunta que los editores independientes deben realizar varias tareas como buscar recursos para la producción editorial, abrir canales de distribución, y un largo etcétera que consume tiempo y recursos; no obstante, apunta: — Pero hoy contamos con una herramienta bastante accesible: la internet, y si sabemos usarla y aprovecharla, puede ser lo que permita la permanencia, proliferación, y crecimiento de la edición independiente.

A su vez, Daniel Zetina estima que existen varios mercados rentables para la edición independiente, como son lasDaniel Zetina, Ediciones Zetina | La hormega ferias del libro desde cuyas “trincheras, se combate de una manera eficiente, con una gran venta”, y agrega que sin embargo, los editores independientes deben crear nuevos mercados.

La manera en que Ediciones Zetina trabaja la apertura de esos nuevos mercados es participando en ferias escolares en las que no se limita a exponer sus libros, sino que da conferencias, ofrece talleres y se hace lo mismo vía redes sociales, con grupos privados o en presentaciones de libros abiertas e involucrando a otros artistas.

El ideal de los editores

La creación de espacios para escritores jóvenes, o no tan jóvenes pero inéditos y con propuestas de alta calidad, promover la lectura, establecer una relación abierta entre lectores y creadores, desarrollar nuevos paradigmas de edición, y sobre todo — como apunta Daniel Zetina— “con la visión, idealista claro, de que se puede, desde la trinchera del papel, hacer un mundo mejor, porque sí es posible.”

El ornitorrinco

La inaceptable
obesidad del ser

Por Juan Pablo Picazo

Cuando yo era niño, en esos ayeres en que Cuernavaca olía a Guayabas y había lecheros de a caballo, ser “delgadito” era casi un insulto. Y yo era un bicho flaco. Mucho. Mi delgadez evidenciaba una alimentación escasa o al menos poco variada: Tortillas, frijolitos y café, sobre todo. De cuando en cuando algo de lo mucho más que los demás comían.

Hoy, como los otros en el mundo, estoy en un lío gordo. Rodeados por remedios caseros, tratamientos científicos, medicamentos milagrosos, ejercicios infalibles y estereotipos mediáticos que exaltan la ligereza y la delgadez hasta un grado enfermizo, cualquier protuberancia que se acumule en el vientre, la cintura, bajo los brazos o en los muslos, coloca al portador bajo una luz acusatoria permanente, pues además de que ya no es el tiempo de los “gorditos felices”, se ha decretado que serlo tampoco es saludable, por lo que incluso aquellos cuya herencia genética determina su gruesa complexión van y vienen por el mundo acomplejados.

A todo esto no obstante, quienes hacen de todo y compran de todo para bajar de peso, le hacen el caldo gordo a los vendedores de la soñada levedad, y tanto así, que estos devienen, tarde o temprano, en peces gordos de las finanzas, influyentes empresarios cuyo interés en la patria les hace engordar la billetera merced a su costumbre de consentir políticos de todos los calibres, morales y colores.

Llegados a este punto, los muchos ciudadanos de gorda conciencia llaman al activismo, a dejar la opinión para entrar en el terreno de la acción. Mientras que la mayoría, ebrios de la molicie generada en pantallitas, pantallas, pantallotas y demás, sólo atinan a hacerse de la vista gorda mientras nadie les toque la cartera sin saber que ya les ha sido puesta en huelga de hambre.

Así pues, aquellos tiempos de vacas gordas, esos en que según el decir de nuestros abuelos se podían amarrar los perros con chorizo, han pasado, las famélicas y alienadas vacas de estos tiempos regurgitan y babean gozosas mirando sus programas de concurso, reality shows, noticiarios maquillados, y lacrimógenas telenovelas, cenando siempre unos buenos taquitos, o en su defecto quesadillas, chalupas, huaraches y cómo no, no vaya a ser, gorditas.

Total, esos blanditos y redondos ciudadanos muy conformes pueden dejar pasar esos malintencionados comentarios al estilo “Te ves más repuestito”, porque si bien es cierto que los gordos hoy son mal vistos, ellos no están así, sino gordibuenos y con eso de que lo que no mata engorda…

El ornitorrinco

Esas cosas del demonio II y última

Juan Pablo Picazo

Así como se dice que alguien excesivamente preocupado vive con el ¡Jesús! en la boca, la mayoría de las personas, ya despreocupadas o en estado de angustia permanente, tienen el diablo en la punta de la lengua para hacer uso de él en la mejor oportunidad posible; como sucede al señalar un niño o niña especialmente hiperactivos y malintencionados (¡Son unos pingos!), para sugerirlo como destino a sus circunstanciales o jurados enemigos (¡Váynase al diablo!), o para demostrar firmeza —¿o exceso?—  de carácter (¡Soy el mismísimo demonio!).

El protagonismo del diablo es extremo en las tradiciones mexicanas, rivaliza con la presencia de la deidad exitosamente. Si no lo cree, piense en la quema de los judas, la mayoría de los cuales son seres rojos, barbados y con astas, y en la representación diabólica que originalmente tenían las piñatas y en su contenido de dulces tentaciones. La ruptura de la misma representaba la victoria sobre el maligno y su contenido, la recompensa para los creyentes fieles que, armados de la virtud —el palo con el que se golpea—, merecían por su empeño. Al sol de este día ha perdido todo carácter ritual y es sólo un juego tradicional que ya no tiene más que un significado: fiesta, pues se usa incluso en los cumpleaños.

Entre los muchos sustantivos con los que se denomina al ente infernal se encuentran los de diantre, chamuco, demonio, patas de cabra, diablo, maligno, demontre, malo, sierpe, íncubo, y súcubo entre otros. Por otro lado, la literatura, la historia, el cine y demás fuentes nos dan para él nombres propios como Sátán, Azazel, Leviatán, Astaroth, Baal, Belial, Mefistófeles, y un largo etcétera que incluye al vampiro de Bram Stoker y a la innominada criatura de Víctor Frankenstein[i], además de muchos otros que no necesariamente aluden a la misma entidad infernal, de lo que se desprende que estamos rodeados.

Hay mucho más sobre este personaje. En México, las clases de “doctrina” católica enseñan a los niños que no existe el mal sino el maligno; punto interesante para filósofos, filólogos, poetas, espiritistas, diáconos, sacerdotes, monaguillos, ministros, curas, rabinos y demás entidades asociadas de una u otra manera no sólo al estudio de Dios, sino también del Demonio su natural adversario, contraparte o complemento, como quieran.

Punto y aparte, me parece magnífica la visión de Phillip Pullman, quien puebla su novela La materia oscura[ii] de daimonions, entidades que comparten el hálito y la conciencia de un ser humano, aunque son externos a él. Algo así como el grillo que Carlo Collodi le dio como consejero a Pinocho[iii], obra clásica de la literatura infantil a la que tanto burdo manoseo cinematográfico ha convertido en una historia baladí.

Los daimonions de Pullman son siempre del sexo opuesto al del humano con quien comparten el aliento y poseen una figura animal que refleja de uno u otro modo su talante y potencial; razón por la cual los asociados a los niños y niñas son capaces de cambiar de forma, pues ellos mismos son aún volubles e indecisos en la mayoría de los casos porque se encuentran en pleno desarrollo.

Debo confesar que los daimonions del universo literario de Pullman me fascinan y no por su parecido con el grillo parlante de Collodi (¡por enésima vez, no se llamaba Pepe ni andaba disfrazado de pequeñoburgués según la mitología de Disney!), y del cual por otro lado podrían ser medianamente herederos, sino por una raíz clásica más preciada: La apología de Sócrates contenida en los Diálogos de Platón, donde los demonios (según la expresión griega anterior a la acepción cristiana del término) constituyen una voz interna diferente de la emoción y la razón que otorga la capacidad de tomar decisiones equilibradas[iv].

Como sea, en este par de artículos he resumido apretadamente algunas de las muchas reflexiones a las que me ha llamado el diablo y su presencia en nuestros días. Les dejo por ahora. Me disculpo con los lectores por la periodicidad disparatada de este ornitorrinco, pero hay causas de fuerza mayor, causas no siempre lógicas, o como los de por acá dicen: “Es que metió la cola el diablo.”

______________

[i]
Tanto Bram Stoker como Mary Shelley llaman a sus criaturas “el demonio” en varios pasajes de sus respectivas novelas, cuando cualquiera que les teme alude a ellas.

[ii]

Pullman, Phillip La materia oscura (I. Luces del norte, II. La Daga, III. El catalejo Lacado) Ediciones B, colección Byblos, Barcelona, 2008

[iii]

Collodi, Carlo. Las aventuras de Pinocho, Mestas ediciones, Colección El barco de papel, Madrid 2003 pp. 187

[iv]

García Máynez, Eduardo Teorías sobre la justicia en los diálogos de Platón Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1984, México, Distrito Federal.

El ornitorrinco

Esas cosas del demonio I

Juan Pablo Picazo

En México al que padece sin levantar cabeza suele llamársele pobre diablo; los viejos aún dicen a los niños que si no tienden su cama antes de las doce del día, el diablo se revuelca en ella y cuando los alimentos caen al suelo, en lugar de advertir que ya están contaminados o sucios, todavía hoy se dice: “Deja eso que ya lo chupó el diablo.” Además están el consabido “vete al diablo”, cuando se desea alejar la mala compañía y “está que se lo lleva el diablo”, para señalar que alguien atraviesa por un estado de cólera, entre muchas otras expresiones que lo sitúan en un sitio muy privilegiado dentro de nuestros diarios haceres, andares y decires.

Según la tradición, durante la noche de San Miguel el demonio anda suelto haciendo de las suyas. En Acapantzingo, un pueblo de la ciudad de Cuernavaca y en la ciudad toda, se protegen las puertas, ventanas, balcones, portales y hasta las parrillas de los vehículos con cruces trenzadas en flor de pericón para que al final, de nada valgan todas esas precauciones porque, como dicen los viejos, al diablo lo llevamos dentro siempre, y nunca desperdicia una oportunidad para salir.

Pero… ¿quién diablos es el diablo? Puede que al final digamos “¡Al diablo con eso!” y nos olvidemos del asunto, pero mientras eso ocurre, pensemos porqué nos resulta tan familiar el personaje, aunque nadie reconoce ser de su familia, pese a la sentencia de Jesús contra quienes le aseguraban ser hijos de Dios: — Vosotros, hijos de vuestro padre el diablo sois.

Desde la infancia de la humanidad el demonio ha estado ahí. Cada uno de nosotros lo conoce desde la propia, individual memoria también merced a esas infaustas herencias de nuestros viejos. Desde ese momento el demonio —como Dios— se pega a nosotros para siempre, aunque en cada uno lo hace de modo distinto, por lo que puede ser un concepto intelectual sin mayor importancia, o bien una presencia que va del vago temor al miedo ciertísimo del que aguarda donde menos se le sospecha como dicen, “cual león rugiente”.

Como se ve, el diablo es más familiar de lo que quisiéramos, lo que se observa entre los propios dioses, pues en el panteón de cada cultura siempre hay uno o más señores oscuros: Ahriman, Loki, Ha Satán, Belial, Hades, Tezcatlipoca, Coatlicue y muchos otros que han conseguido trascender hasta nosotros por uno u otro medio.

Doña Alejandrina Manzanares Morales, mi abuela materna, me lo puso enfrente con esas narraciones que de cuando en cuando hacía a petición nuestra y en las que nos contaba cómo conoció a la muerte, a quien vio como una joven indígena muy bella una noche de calor vernal, acariciando la nuca de Don Fernando su marido, poco antes de que enfermara por vez última en la vida; o cuando narró haberse encontrado a Doña Andrómaca a las puertas de la franciscana Catedral de Cuernavaca en un domingo de tantos de misa vespertina, donde le confió el sitio en que guardaba sus caudales para que lo refiriese a sus transidos familiares, pese a que había fallecido el viernes anterior.

Doña Alejandrina me dijo que el demonio era una sombra acezante, humanoide pero con alas de quiróptero y extremidades inferiores de caprino y de volátil. Así, ya traía en la cabeza una imagen que más tarde fue confirmada por el barroco libro de catecismo con que la Hermana Clemencia confiaba prepararnos para enfrentar la dichosa primera comunión, más costumbre y ocasión de fiesta que acto sacramental ya en el México de entonces.

Mis temores hacia tan poderoso ente crecían conmigo; sobre todo si debía ir a liberar mi hidratación cuando la vecindad dormía, pues no había luz que iluminara el camino que conducía al cuarto de baño colectivo que se alzaba al fondo del callejón oscuro en que la vecindad se transformaba. Para no pasar por gallina me las arreglaba para ir y venir cantando a voz en cuello y huelga decir, corriendo como poseído, pero luego esa treta llegó a ser insuficiente, sobre todo al calor de las quejas y las burlas de los vecinos, quienes oían mi destemplada canción y mi apresurado paso bajo sus ventanas.

Ya después, condenado a no jugar con los demás por “bizco”, debí pasar mis días leyendo cuanto papel impreso se me pasara por enfrente, y así fue como aún sin terminar la primaria, descubrí que además de miedo, hay otras emociones qué sentir por el demonio, revelación que recibí de Pito Pérez, príncipe de los mendigos, cuya vida revolucionaria cabe en la novela del mexicano José Rubén Romeroi: — ¡Pobrecito del Diablo, qué lástima le tengo!

En la literatura el diablo campea risueño como el que más, ahí está Karellen, el guardián de la humanidad en El fin de la infanciaii; Morgoth y Sauron en la mitología Tolkenianaiii; Azazel, el diablo travieso de Isaac Asimov; y muchos otros que encontrarían un buen refugio en la secretísima biblioteca de don Varo Borja, el oscuro librero toledano de Arturo Pérez-Reverte en El club Dumas.

Lo que es menester decir, no obstante, es que mi versión literaria favorita de tan insigne personaje es Irene Adler, la inefable y solitaria diablesa de Pérez-Reverte que enamora a Lucas Corso en el ya citado libro. Más humana que los humanos de ese volumen, en el que por cierto el autor se la pasa desafiando a los estereotipos rozando sus contornos, me ha hendido de tal modo como lector, que desde entonces la tengo adosada en algún sitio del imaginario personal, aunque la versión de Román Polanski no le haya hecho justicia alguna en La novena puerta.

Y ¡qué diablos! Continuamos en la siguiente.